La pregunta se repite en la calle, en los comercios y en las empresas: ¿cuándo baja la inflación del 2% mensual? Después de un 2025 con desinflación, el arranque de 2026 dejó una señal clara: la dinámica sigue aflojando, pero todavía cuesta cruzar ese umbral psicológico que muchos usan como “piso” para hablar de estabilidad.
Las estimaciones de mercado que se relevan en el sistema financiero marcan un escenario de desaceleración lenta, con un primer trimestre que seguiría por arriba o muy cerca de 2%, y un quiebre recién hacia el segundo trimestre de 2026. El punto central es que no se trata de un salto: la baja se daría por escalones, con meses de 2,4%, 2,2%, 2,1% y recién después valores que empiecen con 1.
Qué se espera para enero y el primer trimestre
En el último relevamiento de expectativas, la mediana de las proyecciones ubicó la inflación de enero en 2,4% mensual. Para los meses siguientes, el panorama es de continuidad de la desinflación, pero con idas y vueltas: se proyecta un 2,1% para febrero y un 2,2% para marzo. Es decir: el primer trimestre todavía se movería en la zona del “dos adelante”, con una desaceleración que no sería lineal.
En ese esquema, el primer mes que rompería el piso del 2% aparecería en abril, con una estimación de 1,9%. Y, si ese sendero se sostiene, los meses siguientes podrían seguir bajando: algunas proyecciones ubican la inflación mensual en torno a 1,5% hacia julio. Es importante entender que estos números son expectativas, no resultados: describen lo que el mercado cree que puede pasar si se mantienen ciertas condiciones.
Por qué cuesta “cruzar” el 2%: qué mira el mercado
La inflación mensual tiene varios “motores” que pueden empujar para arriba o para abajo. En términos simples, el mercado suele mirar cuatro factores:
1) Tipo de cambio y precios regulados. Si el dólar oficial se mueve a un ritmo contenido y no hay saltos bruscos, ayuda a frenar remarcaciones preventivas. Pero los precios regulados (tarifas, transporte, combustibles) pueden meter presión si ajustan por encima del promedio.
2) Salarios y puja distributiva. Cuando las paritarias intentan recuperar contra meses anteriores, ciertos rubros con alta intensidad de mano de obra trasladan parte de ese costo. Si la economía se recalienta, el “piso” inflacionario suele ser más duro de perforar.
3) Consumo y crédito. Una demanda más firme tiende a sostener márgenes. Si el consumo está más planchado, la competencia ayuda a contener aumentos, aunque no siempre alcanza si hay costos que suben.
4) Expectativas. La inercia juega fuerte. Incluso cuando los números bajan, muchos precios siguen ajustando “por las dudas”, sobre todo en cadenas largas de comercialización.
En este contexto, la idea de que la inflación “recién empezaría con 1” a partir del segundo trimestre responde a esa combinación: el primer trimestre todavía arrastra ajustes pendientes y cierta indexación, y recién después el efecto acumulado de un sendero más calmo podría hacerse más visible.
Qué implica perforar el 2% y qué no garantiza
Bajar del 2% mensual tiene un valor simbólico y práctico. Simbólico, porque en Argentina el número se usa como referencia rápida para medir si la economía entra en una zona más previsible. Práctico, porque una inflación mensual de 1,9% sostenida, aun sin ser “baja” en estándares internacionales, mejora la planificación: presupuestos, contratos, listas de precios y decisiones de inversión dejan de ser tan defensivas.
Ahora bien, perforar el 2% no garantiza estabilidad definitiva. Para que esa baja se sostenga, el mercado suele pedir continuidad en señales macro: consistencia fiscal, un esquema monetario creíble, menor incertidumbre cambiaria y una hoja de ruta clara para precios regulados. Si alguno de esos frentes se tensiona, la inflación puede volver a rebotar por encima del umbral.
La discusión sobre cómo se mide la inflación también suma ruido
En paralelo a las proyecciones, sigue sobre la mesa un debate técnico con impacto político y social: la actualización de la canasta con la que se mide el IPC. El trasfondo es simple: si cambian los hábitos de consumo, cambia el “peso” de cada rubro dentro del índice. Servicios como transporte, comunicaciones, educación y tarifas ganaron importancia en los últimos años, mientras que otros componentes pierden participación relativa.
Ese debate no define por sí solo la inflación que paga el consumidor, pero sí puede influir en cómo se la interpreta y cómo se comparan series en el tiempo. Por eso, aun con desaceleración, el tema suma sensibilidad.
Descargo de responsabilidad: este contenido es informativo y periodístico. No constituye asesoramiento financiero, legal, contable ni tributario, ni una recomendación de inversión, compra o venta de activos. Los datos y proyecciones mencionados son estimaciones sujetas a cambios y pueden diferir de los resultados oficiales. Antes de tomar decisiones económicas o financieras, consultá con profesionales matriculados y evaluá tu situación particular conforme a la normativa vigente en la República Argentina.




