San Lorenzo volvió a ser escenario de un gesto cargado de simbolismo político e histórico. En el Campo de la Gloria, durante la conmemoración por los 213 años del Combate de San Lorenzo, el presidente Javier Milei participó del acto central y protagonizó una escena poco habitual en ceremonias de este tipo: apenas ingresó al predio, dejó el recorrido tradicional, cruzó el campo a paso apurado para acercarse a las tribunas y saludó a vecinos que lo esperaban desde temprano.
El homenaje recordó el combate del 3 de febrero de 1813, considerado la única acción militar de José de San Martín en suelo argentino y el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo. La presencia presidencial le sumó un componente extra: por primera vez en años, un jefe de Estado volvió a encabezar el acto en San Lorenzo, con un operativo que combinó ceremonia formal, custodia reforzada y un tramo “sin protocolo” que se llevó la mayor parte de las miradas.
El gesto: corrida, saludos y un acto con fuerte carga simbólica
En el ingreso, Milei se apartó del libreto habitual: saludó, estrechó manos y se acercó a distintos sectores del público antes de ocupar su lugar en el palco. La escena contrastó con el formato clásico de estos homenajes, donde los movimientos suelen estar marcados por tiempos y recorridos estrictos.
En el palco participaron autoridades nacionales, provinciales y municipales. El gobernador Maximiliano Pullaro asistió a la ceremonia y compartió el acto institucional, sin que se anunciara una reunión de agenda entre Nación y Provincia más allá del encuentro protocolar del evento. En el lugar, el clima combinó expectativa, aplausos y el interés por un punto específico del programa: la entrega del sable corvo de San Martín.
El sable corvo: qué se decidió y por qué importa
El momento central llegó con el traspaso del sable corvo del general San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo. Se trata de una de las piezas más emblemáticas del patrimonio histórico argentino, asociada directamente al Libertador. La decisión formalizó un cambio de custodia: el sable pasó a quedar bajo responsabilidad de los Granaderos, con el argumento de reforzar su resguardo y su vínculo con el cuerpo creado por San Martín.
La medida fue dispuesta por el Decreto 81/2026, firmado en los días previos al acto, y se presentó públicamente en la ceremonia realizada en San Lorenzo. El cambio reactivó un debate: por un lado, quienes lo respaldan lo describen como una restitución simbólica y una forma de “devolver” la pieza a la unidad sanmartiniana; por el otro, hubo cuestionamientos sobre el criterio del traslado, el rol de los ámbitos museísticos y la conveniencia de modificar la custodia de una pieza de alto valor histórico.
Repercusiones y lectura política de la visita
La visita dejó lecturas cruzadas. La imagen del Presidente rompiendo el protocolo para acercarse al público ocupó el centro de la escena, mientras que la presencia del gobernador quedó enmarcada en el acto institucional. En un contexto de reclamos provinciales por temas de coordinación y recursos, la foto compartida funcionó como señal de convivencia protocolar, aunque sin anuncios concretos.
En paralelo, el traspaso del sable consolidó un mensaje del Gobierno: usar una fecha histórica para reforzar una decisión administrativa con alto impacto simbólico. San Lorenzo, así, combinó homenaje, puesta en escena y una discusión que vuelve cada vez que se mueve un símbolo nacional: cómo se gestiona, se protege y se pone a disposición pública el patrimonio que forma parte de la identidad argentina.




