La discusión sobre la reactivación de la minería de uranio en Argentina volvió a tomar impulso tras la designación de Ayelén Giomi como Subsecretaria de Políticas Nucleares en febrero de 2026 mediante decreto oficial. La medida se interpreta como un movimiento orientado a fortalecer el desarrollo del combustible nuclear dentro del país, en un contexto internacional donde el uranio recuperó protagonismo energético y estratégico.
Actualmente, Argentina posee 33.780 toneladas de recursos identificados de uranio, lo que posiciona al país con reservas relevantes a nivel regional. Sin embargo, a pesar de contar con tecnología nuclear propia, reactores en funcionamiento y capacidad industrial, el país todavía depende de importaciones de concentrado para abastecer sus centrales.
Proyecto Ivana, el desarrollo con mayor avance
Dentro del mapa de proyectos potenciales, el Proyecto Ivana, ubicado en Río Negro, aparece como el emprendimiento con mayor nivel de avance técnico y regulatorio. El depósito forma parte del desarrollo Amarillo Grande y es operado por Blue Sky Uranium con inversión de Corporación América, lo que le otorga respaldo empresarial y financiero.
El proyecto avanzó con campañas de perforación que confirmaron continuidad de la mineralización y actualmente se encuentra encaminado hacia etapas de factibilidad. Las estimaciones técnicas indican recursos significativos que permitirían evaluar un desarrollo mediante técnicas de extracción con menor impacto superficial en comparación con métodos tradicionales.
Otro de los factores que posiciona al proyecto Ivana como el más viable es el marco regulatorio provincial, que no presenta prohibiciones a la minería de uranio, a diferencia de otras jurisdicciones con importantes recursos minerales pero restricciones legales o sociales que dificultan su desarrollo.
Restricciones legales en otras provincias
Argentina cuenta con otros depósitos estratégicos de uranio, aunque varios enfrentan limitaciones regulatorias o sociales que complican su avance en el corto plazo. Uno de los casos es el proyecto Sierra Pintada, en Mendoza, que posee estudios técnicos avanzados pero está condicionado por la Ley 7722, normativa provincial que limita la actividad minera mediante restricciones al uso de determinadas sustancias químicas y establece exigencias ambientales específicas.
Otro caso relevante es el proyecto Cerro Solo, en Chubut, considerado uno de los depósitos con mayor volumen de recursos del país. Sin embargo, su desarrollo está condicionado por la Ley 5001, que prohíbe la minería metalífera a cielo abierto y el uso de sustancias consideradas contaminantes en la provincia, lo que ha frenado históricamente la posibilidad de avanzar hacia una explotación productiva.
En el norte del país también existen iniciativas vinculadas a la exploración de uranio, aunque muchas se encuentran en fases preliminares o requieren definiciones operativas, acuerdos sociales y evaluaciones ambientales para poder progresar.
Un mercado internacional que vuelve a mirar al uranio
El renovado interés por el uranio responde en gran medida al escenario energético global. En los últimos años, el mineral recuperó valor estratégico con precios que se mantienen por encima de los 80 dólares por libra, reflejando tensiones entre una oferta limitada y una demanda en expansión.
La revalorización del uranio está vinculada al crecimiento de la energía nuclear como fuente firme de generación eléctrica y a la expansión de proyectos de reactores modulares pequeños, que requieren abastecimiento sostenido de combustible. A su vez, el aumento del consumo energético impulsado por el desarrollo tecnológico, incluyendo centros de datos y sistemas vinculados a inteligencia artificial, refuerza la demanda global de electricidad y favorece el interés por fuentes de generación estables.
En paralelo, varias potencias buscan diversificar sus cadenas de suministro para reducir su dependencia histórica de determinados países productores, lo que genera un reordenamiento del mercado internacional del combustible nuclear.
Autonomía energética y desarrollo tecnológico
Argentina cuenta con una trayectoria consolidada en materia nuclear, con reactores operativos, desarrollo tecnológico y empresas especializadas en ingeniería y exportación de tecnología nuclear. Sin embargo, la ausencia de producción minera sostenida de uranio genera una dependencia externa para completar el ciclo del combustible.
La eventual puesta en marcha de proyectos como Ivana podría permitir avanzar hacia una mayor integración de la cadena nuclear, reducir importaciones y fortalecer el posicionamiento del país dentro del mercado internacional de combustibles estratégicos. Además, el desarrollo de la minería de uranio podría impulsar nuevas inversiones, generación de empleo especializado y crecimiento de economías regionales vinculadas a la actividad extractiva.
El futuro de la minería de uranio en Argentina dependerá de la combinación entre decisiones políticas, aceptación social, condiciones regulatorias y evolución del mercado internacional. En ese escenario, el proyecto Ivana aparece hoy como el emprendimiento con mayores condiciones para transformarse en el punto inicial de una eventual reactivación productiva del sector nuclear argentino.




