Un informe oficial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reveló que la utilización de la capacidad instalada en la industria argentina alcanzó un 53,8% en diciembre de 2025, marcando una caída respecto de registros recientes en el sector manufacturero y consolidando una tendencia de bajo nivel de actividad productiva. Este porcentaje refleja el uso real de la maquinaria y las instalaciones en relación con el total disponible en el sector industrial, y muestra una contracción significativa en términos operativos.
El dato se ubica por debajo del nivel de noviembre de 2025, cuando la capacidad instalada había sido de 57,7%, también considerado bajo dentro de la serie histórica reciente. La comparación interanual contra diciembre de 2024, cuando la industria había utilizado alrededor de 56,7% de su capacidad, confirma la caída en el ritmo de producción en un contexto económico exigente.
Una industria con mayor ociosidad
La capacidad instalada es un indicador clave para medir cuánto de la infraestructura productiva disponible está en funcionamiento. Con un nivel de 53,8%, casi la mitad de la maquinaria, plantas y equipos quedan sin uso durante el mes de referencia, lo que indica una industria con baja intensidad operativa. Esta situación se observa incluso con respecto a momentos de estrés económico, ya que el indicador no logra ubicarse por encima de niveles típicamente considerados de normalidad productiva.
La caída de un mes a otro fue marcada y sostenida a lo largo del cierre del año 2025. En noviembre, la cifra de 57,7% ya era inferior a la del mismo mes del año anterior, y la continuidad de esa tendencia descendente hasta diciembre refuerza la percepción de una capacidad productiva cada vez más ociosa dentro de la industria manufacturera.
Diferencias sectoriales en uso de capacidad
El informe detalla una fuerte heterogeneidad entre los distintos sectores industriales. Algunos bloques productivos mostraron niveles de utilización de capacidad por encima del promedio general, como la refinación de petróleo, que operó cerca de niveles elevados, y algunas industrias metálicas básicas. Sin embargo, otros segmentos importantes como la metalmecánica, la industria automotriz o los productos textiles operaron con niveles sustancialmente más bajos, reflejando dificultades específicas en diversas ramas productivas.
La caída de la actividad en sectores con mayor peso en la fabricación y valor agregado genera presiones adicionales sobre la utilización global de la capacidad instalada, ya que estos segmentos suelen sostener grandes volúmenes de empleo y producción.
Comparación con periodos previos
Si bien los niveles de capacidad instalada han estado por debajo de 60% durante gran parte de 2025, el registro de 53,8% en diciembre representa uno de los puntos más bajos del año. Este valor supera mínimamente registros de meses particularmente débiles como marzo del mismo año, pero marca una tendencia de actividad reducida en comparación con períodos anteriores del ciclo económico reciente.
La evolución del uso de la capacidad instalada es considerada un reflejo directo de la demanda interna y externa, la inversión productiva y la competitividad industrial. La combinación de menores ritmos de producción, la apertura de importaciones y la competencia de bienes extranjeros se encuentran entre los factores que pueden incidir en este contexto de baja utilización.
En términos más amplios, la caída de la capacidad instalada subraya la persistencia de desafíos estructurales en la industria local, con implicancias para el empleo, la inversión y la competitividad del sector en un entorno económico complejo.




