Qué pasó
En la noche del lunes 16 de marzo de 2026 un bombardeo alcanzó el Hospital Omid para el Tratamiento de las Adicciones en Kabul. El ataque se produjo alrededor de las 21:00 hora local (aprox. 13:30 hora argentina). El centro, instalado en una antigua base militar y reconvertido en 2016, tenía capacidad para 2000 camas y atendía a personas con dependencia de sustancias como cannabis, heroína y metanfetaminas.
Víctimas y cifras
Las autoridades talibanes informaron inicialmente de 408 muertos y 265 heridos, y atribuyeron el bombardeo a fuerzas paquistaníes. Dos días después, la Misión de las Naciones Unidas en Afganistán revisó la cifra y la dejó en 143 fallecidos. En el lugar siguen familiares buscando desaparecidos entre los escombros y personas que ignoran si sus seres queridos murieron o fueron trasladados a otros centros.
El ataque se enmarca en una escalada de hostilidades en la frontera entre Afganistán y Pakistán que llevaba tres semanas. Horas antes del bombardeo al hospital se registraron intercambios de fuego que dejaron 4 muertos afganos. Desde el inicio de esta fase de enfrentamientos se reportaron 289 civiles fallecidos, entre ellos 104 niños y 59 mujeres, según los conteos disponibles.
Reacciones oficiales
El gobierno talibán calificó el ataque como un bombardeo deliberado contra civiles. El portavoz adjunto Hamdullah Fitrat aseguró que el Hospital Omid no estaba vinculado a instalaciones militares y pidió una investigación. Pakistán negó haber atacado objetivos civiles y sostuvo que sus operaciones se dirigieron a blancos militares con precisión para minimizar daños colaterales.
Islamabad anunció una pausa temporal en los bombardeos, medida que atribuyó a gestiones de mediación impulsadas por Arabia Saudita, Turquía y Qatar. La ONU exigió una investigación independiente y transparente sobre lo ocurrido. Organizaciones humanitarias que trabajaron en el lugar informaron del traslado de cientos de muertos y heridos a centros médicos próximos y reclamaron protección para la infraestructura sanitaria y el personal.
Situación en el terreno y posibles efectos
En la zona persiste la incertidumbre sobre el número exacto de víctimas y el estado de muchas personas buscadas por sus familias. La diferencia entre las cifras iniciales y la revisión de la ONU refleja las dificultades para acceder de forma independiente al lugar del ataque y para verificar datos en medio de un conflicto activo.
La pausa anunciada por Pakistán podría reducir momentáneamente los enfrentamientos, pero analistas y actores locales advierten que la raíz de las tensiones no está resuelta y que cualquier desescalada puede ser frágil. Las comunidades fronterizas siguen expuestas a desplazamientos, cortes de servicios y riesgos para la seguridad alimentaria.
Además del impacto humano inmediato, el ataque plantea dudas sobre la protección de instalaciones sanitarias y centros de rehabilitación en zonas de conflicto. Familiares y organizaciones locales reclaman acceso seguro para identificar a las víctimas y para que organismos internacionales puedan investigar con independencia. En las próximas horas y días se esperan nuevos intentos de verificación en el terreno y la presentación de versiones por parte de las diferentes partes mientras la región busca evitar una mayor expansión de la violencia.




