Un salto en superficie y rendimiento
La campaña de girasol 2025/26 en el centro-norte de la provincia mostró un desempeño excepcional que marca un punto de inflexión para la cadena productiva regional. Se sembraron 160.000 hectáreas, el registro más alto desde la campaña 2010/11, y la producción total llegó a 382.700 toneladas. El rendimiento promedio alcanzó 24 qq/ha, muy por encima del promedio reciente de 19 qq/ha en los últimos cinco ciclos. En términos relativos, la producción aumentó un 27,9% respecto de 2024/25 y la superficie creció en cerca de 30.000 hectáreas.
El incremento en superficie no se limitó a un sector puntual. Hubo expansión en departamentos del centro-norte provincial que integran las rotaciones agrícolas, mostrando recuperación frente a cultivos que venían compitiendo por área. Ese movimiento territorial contribuyó a que los volúmenes cosechados superaran umbrales que no se alcanzaban desde hace más de una década.
Factores detrás del récord
Varias variables confluyeron para que la campaña alcanzara estos números. Por un lado, las condiciones agroclimáticas fueron favorables en tramos clave del ciclo, lo que permitió potenciar el rendimiento potencial de los lotes. Se combinaron periodos de lluvia bien distribuidos con temperaturas adecuadas durante etapas críticas.
A eso se sumaron mejoras en manejo agronómico. La adopción de prácticas y tecnologías, desde la elección de híbridos hasta el manejo de malezas y la fertilización, aportó a elevar el promedio productivo. También se observó mayor asesoramiento técnico y una difusión más amplia de recomendaciones de manejo entre productores de diferente escala.
Además, la evolución de precios internacionales del aceite y del girasol como commodity colocó al cultivo en una posición más atractiva dentro de la rotación. Esa combinación de expectativas económicas y resultados agronómicos impulsó a los productores a aumentar la superficie sembrada con girasol en detrimento de otras alternativas.
Impacto económico y comercial
El crecimiento productivo tiene un correlato directo en el valor de la producción comercializable. Con los volúmenes obtenidos, el potencial exportador del girasol de la región se valorizó sustancialmente, alcanzando un valor estimado superior a USD 152 millones FOB. Ese monto realza la importancia del cultivo para las economías rurales y para la dinámica exportadora provincial y nacional.
La mejora de rindes y la ampliación de superficie también generan efectos en la logística y en la demanda de servicios vinculados: insumos, transporte, acopio y servicios técnicos. Para muchas comunidades del centro-norte santafesino, una campaña con esos números se traduce en mayor movimiento económico y en oportunidades para la cadena de proveedores locales.
Sin embargo, el aumento de la actividad pone de relieve limitaciones operativas. La capacidad de acopio, la disponibilidad de transporte en momentos pico y la conectividad a puertos y plantas de procesamiento son factores que pueden condicionar la eficacia comercial y el acceso a mercados. Mejoras en infraestructura logística y coordinación entre actores pueden aumentar el valor agregado regional.
Perspectivas y desafíos
Aunque los resultados de 2025/26 son alentadores, los especialistas advierten que mantener la tendencia requiere atención sobre varios frentes. La variabilidad climática sigue siendo un riesgo, por lo que la adopción de prácticas que protejan el potencial de los cultivos ante años menos benignos será clave. La gestión del agua y la conservación de suelos son prioridades para sostener la productividad.
También es necesario consolidar mejoras en manejo integrado de plagas, acceso a semillas de calidad y extensión técnica continua para sostener rindes elevados en el tiempo. La intensificación sin planificación puede aumentar la presión de plagas y enfermedades, por lo que la rotación y las estrategias integradas de control deben seguir promovidas.
Desde el punto de vista comercial, la estabilidad de precios internacionales jugará un rol determinante para que el girasol siga siendo competitivo frente a alternativas que ofrecen retornos distintos según las condiciones del mercado. La disponibilidad de mercados de exportación y una logística eficiente para sacar la producción al exterior condicionarán la rentabilidad territorial del cultivo.
El balance final deja a la región con una fotografía favorable: más área, mayores rindes y una producción que no se veía en 25 años. Ese escenario abre margen para que productores y actores de la cadena piensen en inversiones y ajustes que permitan aprovechar la ventana productiva. Al mismo tiempo, plantea el desafío de consolidar prácticas y estructuras que permitan sostener el avance en el largo plazo. Los reportes técnicos y estimaciones oficiales publicados en marzo-abril de 2026 fueron coincidentes en las cifras finales, lo que aporta consistencia al diagnóstico.




