Rechazo explícito de las autoridades
La conducción del programa nuclear iraní afirmó que no renunciará al enriquecimiento de uranio, pese a las demandas de otros países. El jefe de la Organización de la Energía Atómica de Irán, Mohamad Eslami, dijo que las peticiones externas para limitar o terminar el enriquecimiento son «meros deseos» que no modificarán la política nacional. En un acto por el homenaje al líder supremo, realizado hace 40 días, Eslami sostuvo que «ninguna ley ni persona» puede obligar a Irán a abandonar esa capacidad tecnológica. En paralelo, el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, calificó el enriquecimiento como una cuestión «no negociable».
Marco y estado de las negociaciones
Las conversaciones entre Teherán y Estados Unidos se reanudaron en un contexto de alta tensión tras la escalada militar de los últimos meses. El diálogo previsto en Islamabad llega después de un conflicto de soberanía regional que incluyó una guerra de 12 días en junio de 2025, que las autoridades iraníes vinculan a un ataque israelí contra objetivos en su territorio. Aunque ambas partes expresaron disposición a continuar el intercambio, las autoridades iraníes insisten en que primero debe reconstruirse la confianza y ofrecerse garantías concretas sobre el levantamiento de sanciones. Desde Teherán plantean la posibilidad de atender «medidas de confianza» relacionadas con el programa nuclear, pero siempre condicionadas a un alivio efectivo y verificable de las penalidades económicas impuestas.
Exigencias externas y respuesta iraní
Representantes de Estados Unidos han planteado la pretensión de que Irán abandone el enriquecimiento, presentada como un punto prioritario en la negociación. Figuras de Israel advirtieron que podrían actuar por cuenta propia contra instalaciones que consideren una amenaza. Irán rechaza esos planteos y mantiene como línea roja su derecho a enriquecer uranio en su territorio. Entre los factores que complican la mesa están las acusaciones sobre actividades que podrían acercar a Irán a una capacidad armamentista y las contrapartidas exigidas por Teherán: la entrega de garantías diplomáticas y económicas, además del cese de operaciones militares que Irán considera violatorias de acuerdos y soberanía.
Datos técnicos, riesgos y próximos pasos
El aspecto técnico del programa tomó centralidad en la discusión. Un informe internacional de diciembre de 2024 señaló que Irán había alcanzado un nivel de enriquecimiento del 60%, muy por encima del umbral del 3,67% establecido en el acuerdo nuclear de 2015 y cercano al 90% relacionado con grado armamentístico. Las autoridades iraníes sostienen que no buscan armas nucleares y que sus actividades tienen fines civiles y energéticos. Sin embargo, la acumulación de material enriquecido y las restricciones a las inspecciones generaron preocupación. Informes de inteligencia occidentales indican que Irán realizó desarrollos tecnológicos que lo acercan a una capacidad avanzada, aunque no concluyen que ya posea un artefacto nuclear.
Otro punto clave fue la oferta estadounidense de recuperar 400 kilogramos de uranio enriquecido que se presume almacenado en instalaciones iraníes, a cambio de un alivio de sanciones. La propuesta no alcanzó a modificar la postura de Teherán sobre la continuidad del enriquecimiento. Además se reportaron maniobras en el Estrecho de Ormuz y denuncias de ataques a instalaciones en Fordow, Isfahán y Natanz. El gobierno iraní describe esos hechos como violaciones previas y los utiliza para justificar medidas de seguridad más estrictas y condiciones más duras para la reinspección internacional.
Con la reapertura del diálogo en Islamabad en el horizonte, las posibilidades de un acuerdo parecen depender de concesiones difíciles de compatibilizar: por un lado, la exigencia de frenar el enriquecimiento; por otro, la negativa iraní a poner fin a una industria que considera estratégica. La discusión combina aspectos de seguridad, prestigio nacional y supervivencia económica. Cualquier avance requerirá pasos verificables de ambas partes y garantías internacionales que reduzcan la desconfianza acumulada desde la ruptura del acuerdo en 2018. Por ahora, las autoridades iraníes mantienen su postura firme y sólo evaluarán medidas de confianza si reciben un paquete claro y efectivo de alivio económico y garantías de no agresión.




