Qué está pasando
En los últimos meses se detectó un cambio en la forma en que las familias afrontan las compras de primera necesidad. Las tarjetas de crédito dejaron de ser un recurso ocasional y pasaron a ser habituales en supermercados y comercios de cercanía. El uso del plástico y las opciones de financiación para adquirir alimentos, medicamentos y otros bienes esenciales creció durante 2026. Al mismo tiempo, las tasas de morosidad comenzaron a mostrar aumentos que preocupan a consumidores y entidades financieras. El fenómeno no se restringe a un solo segmento: afecta con más fuerza a hogares de ingresos bajos y medios, pero también se observa entre jóvenes que adoptaron rápidamente las billeteras digitales y las ofertas de cuotas.
Por qué crece el uso y por qué sube la morosidad
Hay varios factores que explican esta dinámica. Primero, la pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a financiar compras que antes se pagaban en efectivo. La inflación elevada lleva a que diferir pagos sea, en muchos casos, la única vía para mantener el consumo de bienes básicos. Segundo, la digitalización acelerada facilitó el acceso a productos financieros: el uso de smartphones y la expansión de opciones no bancarias ampliaron los límites de crédito disponibles y simplificaron la contratación. En ese contexto, los adelantos y las ofertas de cuotas ofrecen una solución inmediata, pero encarecen la deuda a mediano plazo. En enero de 2026 el crédito al consumo mostró un aumento y el uso de tarjetas se amplió; a la par, algunos indicadores de incumplimiento comenzaron a registrar una tendencia al alza.
Quiénes resultan más afectados
Los análisis y los testimonios recopilados por especialistas indican que los más vulnerables son los segmentos con ingresos fijos acotados: monotributistas, trabajadores en la economía informal y jubilados cuyos haberes no alcanzan para cubrir la suba de precios. Además, los jóvenes adultos constituyen un grupo de alto uso: las nuevas generaciones adoptaron billeteras móviles y herramientas digitales con mayor rapidez. Datos de adopción tecnológica muestran que cerca del 91% de la población usa teléfonos inteligentes y que los usuarios más jóvenes registran tasas de uso de billeteras de alrededor del 28% en ciertos grupos, por encima de los promedios de la población general. En la práctica, muchos hogares encaran compras esenciales fraccionándolas en cuotas o con pagos a plazos, lo que aumenta la fragilidad financiera cuando las tasas de interés son elevadas o cuando hay variaciones bruscas en los ingresos.
Riesgos, señales y posibles efectos sobre el sistema
El principal riesgo es que el crédito al consumo pase a funcionar como sustituto de ingresos reales, generando una trampa de deuda para hogares con capacidad de pago comprometida. Las cifras parciales estiman niveles de morosidad cercanos al 5-7% en segmentos específicos. Consumidores relatan enfrentar tasas efectivas que pueden superar el 100% anual en productos más caros o en adelantos de efectivo. Ese escenario puede derivar en concentraciones de cartera de riesgo para emisores de tarjetas, en una selección adversa por parte de las entidades que aún pueden restringir créditos, y finalmente en la pérdida de acceso al financiamiento para quienes más lo necesitan.
A nivel macro, una expansión crediticia sin políticas que mejoren la instrucción financiera y sin herramientas de protección al consumidor podría profundizar la desigualdad y elevar la presión sobre la supervisión financiera. Además de las causas económicas, operan factores de comportamiento: la accesibilidad de las opciones digitales, las promociones comerciales y la normalización del pago en cuotas transformaron hábitos de gasto. Entre las medidas que proponen especialistas figuran límites a ciertas promociones de cuotas sin interés, campañas de educación sobre tasas y plazos, y políticas públicas para sostener el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables.
Para los consumidores, las recomendaciones son claras: revisar la tasa efectiva anual antes de aceptar diferir una compra, priorizar la amortización de deudas más costosas y reservar un porcentaje del ingreso para imprevistos. Para el sistema financiero, el desafío es equilibrar el acceso al crédito con evaluaciones adecuadas del riesgo y herramientas que reduzcan la probabilidad de sobreendeudamiento.
El aumento del uso de tarjetas en supermercados refleja una transformación del consumo impulsada por la presión de los precios y por la digitalización de los pagos. Esa misma transformación está vinculada a un crecimiento de la morosidad, con impactos directos en la economía doméstica y potenciales efectos sistémicos si no se adoptan medidas de prevención y protección.
Descargo: Esta nota tiene carácter informativo y no constituye asesoramiento financiero. Antes de tomar decisiones de crédito se recomienda consultar con un profesional o con la entidad financiera correspondiente sobre tasas, comisiones y condiciones de pago.




