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Cosecha récord y transporte en tensión: qué puede frenar la llegada de dólares

Panorama general

La combinación de una cosecha excepcional y costos energéticos más altos puso al país ante un dilema. Mientras la actividad agrícola proyecta un ingreso de divisas que podría aliviar las cuentas públicas, la logística que debe convertir esa cosecha en dólares está bajo presión. El precio internacional del petróleo se mantuvo más de u$s 20 por barril por encima de los niveles previos al conflicto en Medio Oriente, un movimiento que repercutió en el precio del gasoil local y encendió conflictos en el transporte de granos y en el transporte urbano.

En el plano doméstico existe un esquema para contener la suba en los surtidores impulsado por la principal empresa petrolera del país. Sin embargo, esa medida no siempre se traduce en menores costos para las distribuidoras y estaciones de servicio. Por eso, el precio que afrontan los transportistas sigue siendo elevado.

Transporte de cargas

El transporte que lleva la producción desde los campos hasta los puertos se volvió un punto crítico. Transportistas de granos reclamaron recomposiciones tarifarias por el alza del combustible. En ese contexto, una de las federaciones del sector definió un esquema propio que separa costos fijos y variables y dejó de participar de la mesa que fijaba la tarifa de referencia para el agro.

En esa propuesta se establecieron tarifas de referencia que ubican el costo por tonelada en $23.389 para trayectos cortos, $77.700 para viajes de 500 kilómetros y $148.417 para recorridos de 1.500 kilómetros, con una estadía diaria valuada en $223.180. Otra organización del sector rechazó las propuestas oficiales y, pese a declarar estado de alerta y movilización, aplicó un incremento del 12% que dio como resultado tarifas finales inferiores a las de la primera propuesta.

Las diferencias entre cámaras y la falta de consenso derivaron en medidas de fuerza y retenes en rutas y accesos a puertos. Las entidades vinculadas a la exportación agropecuaria expresaron preocupación: las demoras provocan incumplimientos logísticos, atrasos en embarques y posibilidades de penalidades contractuales en mercados externos. Todo ello termina por retrasar el ingreso de divisas.

El riesgo no es sólo operativo. El calendario comercial y portuario es acotado durante la zafra y cualquier interrupción de 24 o 48 horas puede acumular pérdidas relevantes en términos de venta de commodities y del timing de cobros en el mercado internacional.

Transporte público

Al mismo tiempo, el transporte urbano aporta otro frente de tensión. Las empresas de colectivos exigieron que se reconozca el aumento del precio del combustible, que se estima en torno del 25% en el último mes, y denunciaron una brecha entre el costo que el Estado reconoce y lo que se paga en surtidor. En concreto, los valores de referencia que reconoce la administración son inferiores a los precios reales que afrontan las empresas en estaciones de servicio.

También reclamaron por una deuda de subsidios vinculada a atributos sociales y otros conceptos que, según las empresas, suma alrededor de $150.000 millones, de los cuales cerca de $50.000 millones corresponderían a deuda por atención a prestaciones sociales. Ante la presión de costos, algunas compañías recortaron servicios en hasta un 30% desde el 1 de abril, lo que afectó especialmente las horas pico y complicó la movilidad urbana.

Tras negociaciones y acreditaciones parciales de fondos, las empresas anunciaron que los servicios se normalizarían a lo largo del 9 de abril. Los gremios advirtieron que, si no se acreditaban salarios o fondos adicionales, no descartarían medidas de fuerza. La incertidumbre en el transporte público genera un costo social que también repercute en la actividad económica y en la capacidad de trabajo de miles de personas durante la cosecha.

Qué significa para la economía y las divisas

El Gobierno había elaborado sus proyecciones anuales con la expectativa de contar con el flujo de dólares que generará la campaña agrícola. Ese escenario de ingresos estimados en más de u$s 34.000 millones es clave para aliviar tensiones en el tipo de cambio y para cumplir metas fiscales. Por eso cualquier perturbación logística que retrase o reduzca los embarques es seguida con atención por funcionarios y analistas.

Las exportaciones agrícolas son una fuente directa de divisas y, además, condicionan la confianza de inversores y la dinámica de reservas. Si los embarques se postergan, los ingresos previstos pueden llegar fuera de tiempo o en volúmenes menores a los esperados. Eso complica la gestión macroeconómica en periodos de alta volatilidad internacional. Aunque la suba de precios de commodities atenúa parte del impacto, la logística funciona como cuello de botella: cosecha sin salida no genera dólares en tiempo y forma.

En este escenario, las negociaciones entre empresas de transporte, gremios y el Estado serán determinantes. Soluciones parciales sobre tarifas, acreditaciones de subsidios y acuerdos laborales pueden aliviar la tensión. Pero si persisten los bloqueos o los recortes de servicios, el riesgo de retrasos en los embarques y en el ingreso de divisas se mantendrá.

Descargo legal: la información económica contenida en esta nota tiene carácter informativo y no constituye asesoramiento financiero. Cualquier decisión de inversión o de comercio exterior debe basarse en análisis profesionales y datos actualizados.

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