Resumen del informe
La actividad industrial manufacturera profundizó su deterioro en los primeros meses de 2026. El Estimador Mensual de Actividad Industrial (EMAI) del INDEC registra que en febrero de 2026 la producción cayó 8,7% respecto a febrero de 2025. Fue el octavo mes consecutivo con variación interanual negativa. En la comparación desestacionalizada frente a enero de 2026 la serie mostró una baja del 4% mensual. La serie de tendencia-ciclo, en cambio, marcó un leve avance del 0,2% mensual.
Datos clave
El acumulado del primer bimestre, enero-febrero de 2026, mostró una contracción del 6% interanual. La secuencia de caídas interanuales comenzó en julio de 2025 y se mantuvo mes a mes hasta febrero de 2026. Hubo oscilaciones a lo largo del período, con un empeoramiento notable en noviembre de 2025 y un salto marcadamente negativo en febrero de 2026. Entre los indicadores complementarios, la formación bruta de capital fijo cayó 15% en el bimestre, según datos del Banco Central, lo que ayuda a explicar la menor demanda de maquinaria y equipo y la postergación de proyectos productivos.
Sectores y efectos
La caída es generalizada, pero los impactos varían por rama. El sector textil registró la baja más pronunciada en los registros disponibles, con una retracción cercana al 24% interanual en enero de 2026, muy por encima del promedio. Otros rubros con retrocesos relevantes incluyen la metalmecánica, la química y segmentos de la industria alimentaria. Estos sectores enfrentan una combinación de caída de la demanda interna, aumentos de costos y dificultades de financiamiento. Encuestas empresariales muestran que más de la mitad de las empresas industriales reporta descensos en producción y ventas. Esa situación ya se traduce en menor utilización de la capacidad instalada y en presión sobre el empleo en plantas y talleres del país.
Lectura de los analistas y contexto
Analistas que siguen la actividad vinculan la caída a varios factores que confluyeron desde la segunda mitad de 2025. Señalan la menor demanda privada real por la pérdida de poder adquisitivo, el ajuste fiscal con impacto sobre la demanda, revisiones en subsidios energéticos y dificultades para acceder a crédito en condiciones que permitan financiar inventarios o inversión. También destacan el efecto de una inflación acumulada alta en 2025 y un proceso de devaluación que encarece insumos importados.
Para recuperar la producción, los analistas sostienen que hacen falta, como mínimo, dos componentes: una mejora sostenida del consumo interno y un repunte de la inversión privada. A corto plazo, las previsiones advierten sobre un escenario de estancamiento hasta que no haya señales claras de normalización del crédito y de estabilidad de precios y del tipo de cambio. En el ámbito productivo, la caída sostenida intensifica la presión sobre las pymes industriales, que enfrentan costos financieros más altos y menor acceso a líneas de crédito. La combinación de menor demanda y menor inversión se traduce en cierres parciales de turnos, recortes de horas y, en algunos casos, suspensiones temporales de actividades.
Responsables de empresas y consultores mencionan medidas que podrían frenar la caída. Entre ellas citan estímulos a la demanda doméstica, esquemas de financiamiento específicos para pymes y sectores exportadores, y políticas que reduzcan la incertidumbre cambiaria y tarifaria. El debate público también se concentra en cómo combinar la necesidad de ajuste fiscal con acciones que no asfixien a la producción.
La evolución de los próximos trimestres dependerá en gran medida de la demanda interna, de la disponibilidad de financiamiento para las empresas y de la política económica que se implemente para contener la inflación y sostener la inversión. Sin señales claras en esos frentes, la recuperación se percibe lenta y asimétrica entre sectores y regiones.
Descargo: Este artículo utiliza datos oficiales de actividad e informes económicos. La información puede cambiar con nuevas comunicaciones oficiales o revisiones estadísticas posteriores.




