Percepción general y conducta de los hogares
Una amplia porción de la población sigue percibiendo falta de estabilidad en los precios y eso se traduce en decisiones de compra más cautelosas. Un relevamiento de consumo muestra que 73% de los argentinos percibe inestabilidad en los precios. Esa sensación explica por qué el consumo masivo no repunta con la misma velocidad que la desaceleración inflacionaria observada en lo que va de 2026. Esa percepción defensiva empuja a los hogares a comprar con menos frecuencia, reducir volúmenes y priorizar marcas económicas en muchas categorías.
Caídas y números clave que marcan la continuidad del frenazo
Las mediciones de actividad y consumo que combinan consultoras privadas y registros oficiales muestran contracciones en distintos frentes. Las compras en hogares registraron una baja interanual del 3,4% en febrero en una estimación, mientras que otro indicador marcó una caída del 1,9% en el mismo mes. Fue el tercer mes consecutivo en retroceso y dejó un acumulado de -1,7% en el bimestre. En supermercados, las ventas a precios constantes mostraron una caída interanual del 2,8%, con acumulados que alcanzan -13,3% en el inicio del año y descensos más pronunciados en otras comparativas anuales, que llegan a -43,5%.
En el comercio minorista la demanda sigue deprimida y la recaudación por IVA tuvo una merma interanual del 3,5% en febrero descontado el efecto precios, lo que confirma la menor dinámica del consumo. En el segmento mayorista también se observan bajas, y la ausencia de compras de emergencia por parte de distribuidores evidencia que no hay expectativas generalizadas de un alza de precios inmediata: las expectativas de inflación para 2025 se ubican en torno al 31,8%, muy por debajo del nivel de 117,8% que había marcado 2024.
Cómo cambió la estrategia de compra y qué sectores muestran más presión
Las tendencias de fines de 2025 y los primeros meses de 2026 marcan una transformación en hábitos. La frecuencia de compra se redujo un 8,2% y el volumen adquirido descendió un 4,7%. Alrededor del 41% de las categorías registraron bajas en demanda y el 39% fueron despriorizadas por los hogares. Frente a esa realidad, las familias concentran el gasto en artículos esenciales, recortan visitas a supermercados y optan por segundos precios o por canales más económicos.
Ese giro del consumidor no es neutro para las empresas. Los márgenes operativos se ven presionados por costos fijos y el ajuste de precios se vuelve complejo cuando la demanda no acompaña. Los sectores que dependen del consumo masivo enfrentan una combinación de caída de volúmenes y búsqueda de competitividad en precio, lo que complica la recuperación aunque se multipliquen ofertas puntuales, descuentos o mayor variedad en góndola.
Impactos indirectos y por qué la mejora macro no llega al bolsillo
Además del castigo en ventas, hay indicadores relacionados que muestran efectos en la economía real. La compraventa de inmuebles, por ejemplo, tuvo una caída interanual del 17% en febrero, pese a un repunte mensual del 4,2% frente a enero. En conjunto, estos números reflejan una economía en la que algunos agregados macro mejoran, pero la recuperación no se traslada de forma homogénea a los ingresos de los hogares.
Los factores que explican esa brecha son múltiples: salarios que todavía no recuperaron poder adquisitivo pleno frente a la inflación pasada, aumentos en tarifas de servicios que absorben parte del ingreso disponible y la persistente sensación de incertidumbre sobre el comportamiento futuro de los precios. En ese contexto, la caída del consumo lleva ya más de 5 meses consecutivos desde la dinámica iniciada en 2025, lo que dificulta la hipótesis de una reactivación automática a medida que la inflación desacelere.
La reactivación del consumo dependerá de señales claras de previsibilidad económica y de mejoras en el poder de compra real de los salarios. Sin esos elementos, es probable que la conducta defensiva del consumidor —compras tácticas, reducción de frecuencia y preferencia por opciones más económicas— se mantenga y sostenga la presión sobre ventas y márgenes empresariales. Mientras tanto, la competencia por precio y la búsqueda de eficiencia por parte de distribuidores y comercios seguirán marcando el ritmo del mercado.
Descargo: esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoramiento financiero.




