Juan Carlos de Pablo analizó el dato de inflación de marzo y dejó una advertencia sobre los próximos meses. Para el economista, el 3,4% mensual de ese período no alcanza para hablar de una mejora consolidada. Su planteo es que el número, por sí solo, puede llevar a una lectura equivocada si no se observa qué hay detrás de cada rubro y, sobre todo, qué factores todavía no impactaron de lleno en la economía local.
La señal de alerta está puesta en un elemento que, a su entender, aparece ausente en el índice de marzo: el efecto de la suba internacional de la energía en medio de la escalada bélica en Medio Oriente. La idea central es que ese shock todavía no se reflejó plenamente en los precios internos, pero podría hacerlo entre abril y los meses siguientes, con impacto sobre combustibles, transporte, costos logísticos y, en cadena, sobre distintos bienes y servicios.
De Pablo sostuvo que el dato de marzo no debería ser motivo de festejo. La razón no pasa por negar una desaceleración respecto de otros momentos, sino por evitar una interpretación superficial. En economía, explicó en distintas intervenciones públicas, los promedios sirven para una primera foto, pero no alcanzan para entender el movimiento real de los precios. Por eso insistió en la necesidad de desagregar el IPC y revisar cuáles son los rubros que empujan, cuáles se mantienen contenidos y cuáles podrían reaccionar más adelante.
Qué mostró la inflación de marzo
El Índice de Precios al Consumidor registró en marzo de 2026 una suba de 3,4%, mientras que la variación interanual llegó a 42,1%. Dentro del detalle mensual, hubo aumentos importantes en Educación, con 6,1%, en Indumentaria, con 5,1%, y en Alimentos, con 4,2%. También se destacó Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles, con 3,9%. En contraste, Transporte mostró una baja de 0,5%, un dato que ayudó a moderar el promedio general por la incidencia de tarifas y precios regulados.
Ese comportamiento desigual es justamente el punto que De Pablo remarcó. Cuando se mira solamente el número global, puede parecer que la inflación entró en una zona más manejable. Pero al abrir el indicador por capítulos aparece otra imagen: algunos componentes siguen corriendo por encima del promedio y otros todavía no reflejan correcciones pendientes. En ese esquema, un eventual salto de la energía puede alterar el cuadro en poco tiempo.
El economista planteó que marzo debe leerse como una foto parcial de una economía atravesada por factores locales e internacionales. La inflación no depende únicamente de la política doméstica, sino también de shocks externos que pueden llegar con demora. En este caso, el foco está puesto en el petróleo y en toda la cadena asociada a su precio.
El impacto que podría llegar desde la energía
La tensión en Medio Oriente empujó al alza la cotización internacional del crudo y reabrió el temor a un traslado inflacionario global. En ese contexto, De Pablo observó que en otras economías ya se notó una aceleración vinculada al costo energético, mientras que en la Argentina ese efecto todavía no apareció con la misma claridad en el índice de marzo. Para él, esa diferencia no significa inmunidad, sino rezago.
La preocupación se centra en que el encarecimiento del petróleo y sus derivados suele filtrarse por varias vías. La más directa es el precio de los combustibles. Si suben las naftas y el gasoil, aumentan los costos del transporte de mercaderías, la distribución, la producción y una parte de los servicios. A eso se suma el impacto sobre insumos industriales y sobre la estructura de costos de sectores que dependen de la energía para operar.
En las últimas semanas ya se conocieron ajustes en combustibles y el mercado empezó a incorporar la posibilidad de nuevas subas si el precio internacional se mantiene elevado. En ese marco, estimaciones privadas ubican la inflación de abril entre 3,8% y 4,5%, con la energía como una de las principales variables a seguir. No se trata de una cifra definitiva, pero sí de una señal de que el sendero de desaceleración podría enfrentar obstáculos.
Otro dato que refuerza esa mirada es que la Argentina sigue expuesta a los movimientos del mercado energético global. Si el conflicto externo reduce la oferta, encarece importaciones o presiona sobre el valor local de los combustibles, el efecto puede sentirse incluso aunque otras variables internas se mantengan relativamente estables.
La recomendación al Gobierno
Además del diagnóstico técnico, De Pablo dejó un mensaje político y de gestión: el Gobierno no debería desesperarse frente a un posible rebote de la inflación. Su consejo apunta a evitar reacciones apresuradas y a leer cada dato con mayor profundidad. En vez de concentrarse solamente en el promedio mensual, propuso estudiar cómo evoluciona cada componente del índice para distinguir entre aumentos transitorios, regulados o ligados a un shock internacional.
Ese enfoque busca separar causas. No es lo mismo una aceleración extendida en todos los rubros que una suba localizada en energía o alimentos por razones externas. En el primer caso, el problema habla de una dinámica inflacionaria más general. En el segundo, puede tratarse de un episodio puntual, aunque con efectos sensibles en el bolsillo y en las expectativas.
La comparación con Estados Unidos fue parte de ese razonamiento. De Pablo marcó que allí una parte importante de la aceleración reciente estuvo vinculada al shock energético. Su punto fue que la Argentina todavía no mostró esa misma reacción en el índice general, pero eso no garantiza que quede al margen. Por eso insistió en no sacar conclusiones definitivas a partir de un solo dato mensual.
La advertencia llega en un momento en el que cada decimal de inflación tiene alto peso político y económico. Un registro más bajo puede dar aire, mejorar expectativas y reforzar la idea de estabilización. Pero si detrás de ese número hay factores pendientes de corrección, el alivio puede durar poco. La discusión, entonces, no pasa solo por cuánto dio marzo, sino por si ese resultado es sostenible cuando entren en juego aumentos que todavía no se ven por completo.
En ese marco, el mensaje del economista es doble. Por un lado, el 3,4% de marzo muestra que la inflación no está resuelta. Por otro, el dato podría estar dejando afuera un factor de presión relevante: la energía. Si ese componente termina impactando con más fuerza en abril o mayo, el índice podría volver a mostrar una aceleración. La clave, dijo, es mirar menos el número de corto plazo y más la dinámica completa de los precios.
Este contenido es informativo y no constituye una recomendación de inversión ni asesoramiento financiero.




