El poder adquisitivo de los trabajadores argentinos volvió a mostrar una dinámica fragmentada en febrero de 2026. Los salarios crecieron 2,4% en el mes, un registro que quedó 0,5 puntos por debajo de la inflación y que acumula un cuarto mes consecutivo de pérdida real.
El dato global, sin embargo, esconde realidades muy distintas según el tipo de empleo. Tomando como referencia noviembre de 2023 —el mes previo al cambio de gobierno y a la devaluación—, las tres categorías que releva la estadística oficial muestran trayectorias divergentes.
Informales: el gran rebote
Los trabajadores no registrados fueron los grandes ganadores del último año y medio. Su salario real se ubica hoy un 31,2% por encima de noviembre de 2023, tras haber sido el segmento más castigado durante la etapa previa. Solo en febrero avanzaron 4,6% mensual, el único grupo que logró ganarle a la inflación. La mayor flexibilidad del sector para ajustar ingresos frente a contextos inflacionarios explica buena parte de esta recomposición.
Privados registrados: congelados desde la elección
Los asalariados del sector privado formal acumulan una caída real del 3,5% desde noviembre de 2023. El ritmo de recuperación se frenó durante la incertidumbre electoral y todavía no logró retomar terreno: en febrero aumentaron 1,6%, 1,3 puntos por debajo del IPC.
La expectativa es que esta tendencia comience a revertirse a partir de abril, traccionada por dos factores: una inflación mensual en descenso y paritarias que ajustan sobre la base de la inflación pasada, lo que generaría un efecto recomposición en los próximos meses.
Públicos: la mayor destrucción
El panorama más crítico corresponde a los empleados estatales, que acumulan una caída real del 18,3%. El promedio esconde una diferencia marcada entre jurisdicciones: los trabajadores del Estado nacional perdieron 37,2% de poder adquisitivo, mientras que los provinciales retrocedieron 10,3%.
La brecha configura un incentivo concreto a salir del empleo público y migrar al sector privado, ya sea formal o informal, donde los ingresos reales se sostienen mejor.
Qué esperar hacia adelante
La combinación de reforma laboral, el nuevo régimen para micro inversiones (RIMI) y el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) debería empezar a traccionar el crecimiento del empleo privado formal en los próximos trimestres. Si la inflación consolida un sendero descendente y se acerca a niveles de un dígito en el segundo semestre, los salarios reales tendrían margen para retomar la recomposición interrumpida durante el tramo electoral.




