Un récord que se arrastra desde hace más de un año
La mora de los hogares argentinos llegó en marzo de 2025 al 11,5%, su nivel más alto desde 2004, y acumula 17 meses consecutivos de deterioro, de acuerdo con un análisis de la consultora 1816 sobre datos de la Central de Deudores del BCRA (CENDEU). En términos de personas, el problema ya involucra a más de 6 millones de adultos, es decir, a uno de cada seis mayores de 18 años con deudas activas en el sistema financiero.
El punto de partida del deterioro queda claro en la evolución de las cifras: en octubre de 2023 la tasa de irregularidad del crédito a hogares se ubicaba cerca del 2,5%. En poco más de un año y medio se multiplicó por casi cinco. En abril, la mora habría sumado nuevas décimas, aunque ese dato todavía no cuenta con confirmación en un documento oficial del BCRA.
Los préstamos más chicos concentran el mayor impago
Un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia desagrega el problema por segmento y el resultado es contundente: los créditos de menor cuantía son los más afectados. En el tramo de hasta 83.000 pesos, la tasa de impago alcanzó el 35,2%. En el segmento inmediatamente superior, entre 83.001 y 206.000 pesos, el porcentaje con más de tres meses de retraso llegó al 35,3%. Ambos estratos corresponden, en términos generales, a deudores de menores ingresos, que recurrieron al crédito en gran medida para sostener el consumo básico ante la caída del poder adquisitivo.
El informe también señala que las provincias con mayor destrucción de puestos de trabajo registraron las peores tasas de devolución, aunque el documento no identifica jurisdicciones específicas ni aporta porcentajes por provincia. Incluso en las regiones donde el empleo creció, la mora también aumentó, lo que sugiere que la pérdida de ingresos reales operó como un factor independiente del mercado laboral.
El crédito amortiguó la caída del consumo, pero a un costo diferido
La expansión del crédito al consumo durante 2024 y los primeros meses de 2025 funcionó como un colchón parcial frente a la contracción del salario real. Analistas advierten, sin embargo, que ese mecanismo tiene un límite concreto: cualquier mejora futura en los ingresos de los hogares irá primero a regularizar deudas vencidas antes de traducirse en nuevo consumo. Eso podría moderar el impacto de una eventual recuperación salarial sobre la actividad económica.
En ese marco, el EMAE registró una suba de 1,8% entre octubre de 2024 y febrero de 2026 en la serie desestacionalizada, según los datos citados por 1816. La economía rebota, pero el stock de deuda impaga de los hogares opera como un lastre que filtra parte de ese crecimiento antes de que llegue al consumo.
Crédito informal y respuesta legislativa
El problema no se circunscribe al sistema bancario regulado. El mercado de crédito extrabancario opera con tasas sustancialmente más altas: fuentes del sector citadas en informes recientes mencionan que ciertas entidades fuera del circuito formal aplican tasas nominales anuales (TNA) de hasta 824%, aunque ese dato no cuenta con respaldo en un documento oficial identificado con nombre de entidad. Para los hogares que no califican en el sistema bancario, esa es la alternativa disponible, lo que agrava la espiral de endeudamiento.
El tema ya ingresó al Congreso: hay al menos 29 proyectos de ley en distintas etapas de trámite legislativo orientados a regular el endeudamiento de los hogares. El recorte disponible no detalla el contenido de esas iniciativas ni en qué comisiones se encuentran, por lo que su alcance real es difícil de evaluar en esta instancia.
Las perspectivas de corto plazo no son alentadoras. Los mismos informes consultados coinciden en que la mora no mostraría una reversión clara durante 2025, y que su trayectoria dependerá en gran medida de la velocidad con que se recuperen los salarios reales y de la evolución del empleo en el interior del país. Mientras esas variables no consoliden una tendencia positiva sostenida, el stock de deuda irregular seguirá presionando sobre las finanzas de los hogares y sobre la capacidad del sistema financiero de expandir el crédito sin asumir más riesgo.




