Parte médico: qué se sabe y qué no
El dato firme está en el comunicado del club: a Campaz le realizaron estudios por imágenes y el resultado fue una lesión muscular en el isquiotibial derecho. Ese es, por ahora, el único diagnóstico confirmado públicamente, y por eso cualquier estimación de días o semanas queda fuera de lo oficial.
En lesiones de isquiotibiales, el punto clave no es solo “qué tan fuerte duele”, sino cómo evoluciona el músculo en los primeros días y qué respuesta tiene cuando se vuelve a exigir. Por eso, aunque el fútbol siempre pide fechas concretas, el manejo médico suele ir por etapas: bajar la inflamación, recuperar movilidad sin dolor, sumar fuerza de forma progresiva y recién después volver a correr con intensidad, cambiar de ritmo y acelerar. En criollo: no es una lesión para apurar, porque el riesgo de recaída es alto si se vuelve antes de tiempo.
Lo que sí se desprende del contexto inmediato es que Central ya venía cuidándolo. El colombiano no jugó en el 0-0 ante River Plate del 1 de febrero de 2026, y a partir de ahí se decidió avanzar con estudios. Según lo informado, el club eligió poner el foco en confirmar el diagnóstico antes de hablar de plazos.
Qué cambia en el equipo y por qué la alarma se siente
Para Jorge Almirón la noticia no es menor: Campaz es un futbolista que suele darle a Central algo difícil de reemplazar, que es desequilibrio en el mano a mano, cambio de ritmo y esa capacidad de convertir una jugada “normal” en una llegada clara. Cuando falta un jugador así, no se reemplaza con una sola pieza: se reacomodan roles.
En estos casos, lo habitual es que el cuerpo técnico tenga que elegir entre dos caminos. Uno es sostener la idea de juego y reemplazar “nombre por nombre” dentro de lo posible, buscando un perfil parecido. El otro es ajustar la estructura: quizá más control, quizá más juego interno, quizá más paciencia, dependiendo de lo que tenga el plantel a disposición. Lo que está claro es que la ausencia del colombiano obliga a resolver ataques sin ese golpe de aceleración que abre defensas cerradas.
Además, no es solo el torneo: Central juega con el termómetro de la tribuna y con la expectativa de un semestre que se mide, en gran parte, por lo que pase en el clásico. Por eso el tema se instala rápido y se vuelve conversación diaria: no se discute únicamente si Campaz llega o no, sino cómo se administra el riesgo para no perderlo más tiempo.
El calendario y la fecha que todos miran
La referencia inevitable es el clásico. El partido ante Newell’s Old Boys está pautado para el domingo 1° de marzo de 2026, a las 17, en el Estadio Marcelo Bielsa. Esa fecha funciona como un “hito” porque no solo tiene peso emocional: también marca un límite práctico para la recuperación, ya que el cuerpo necesita tiempo de trabajo sostenido para volver a competir sin peligro.
Ahora bien, una cosa es que el clásico esté marcado en rojo y otra muy distinta es que el músculo se adapte a ese apuro. En este tipo de lesiones, muchas veces el regreso se define con una lógica simple: si el jugador no puede entrenarse con normalidad y completar cargas altas, no está listo para jugar. Y si llega “justo”, el riesgo de resentirse aumenta.
Central, entonces, queda parado ante un dilema que en realidad es clásico de los clásicos: cuidar al futbolista para no perderlo por más tiempo, pero sin resignar competitividad en un tramo del torneo que no espera a nadie. En el medio, lo que suele aparecer es un plan de recuperación con pasos cortos y evaluaciones frecuentes: kinesio, fortalecimiento, trabajos en campo en progresión y, recién al final, fútbol con contactos y exigencia real.
Qué señales indican que la recuperación va bien
Aunque no haya un parte con fechas, sí hay indicadores que en el fútbol suelen anticipar el regreso. Primero, que el jugador vuelva a moverse sin dolor en la vida cotidiana y en ejercicios básicos. Después, que pueda correr de menos a más sin molestias al día siguiente (porque muchas recaídas aparecen “al otro día” de una carga fuerte). Más adelante, que soporte aceleraciones, frenadas y cambios de dirección, que es donde el isquiotibial trabaja al límite. Y por último, que pueda entrenarse a la par del grupo y completar sesiones completas sin restricciones.
Si alguna de esas etapas se traba, el regreso se corre. Y si se fuerza, el costo puede ser mayor que perder un par de partidos: puede transformarse en una lesión que se prolonga y condiciona el semestre.
Con el diagnóstico confirmado y el clásico con fecha, Central entra en un período donde cada entrenamiento cuenta. La noticia, por ahora, es clara y breve: lesión muscular en el isquiotibial derecho. Lo demás dependerá de evolución, de cómo responda Campaz en el día a día y de la decisión final de no correr un riesgo que después se paga caro.




