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El Reino Unido acelera el despliegue naval del láser DragonFire para defensa contra drones

Anuncio y calendario

El Reino Unido confirmó que adelantará la entrada en servicio del sistema láser naval DragonFire, previsto para montarse en buques de la Royal Navy a partir de 2027. La decisión reduce en aproximadamente cinco años el cronograma original, tras una serie de pruebas que mostraron resultados favorables contra amenazas aéreas y sistemas no tripulados. El plan inicial contempla la instalación en un destructor Tipo 45 en la primera fase, con expansión inmediata a dos unidades y la posibilidad de equipar hasta cuatro buques según la evolución operativa.

Qué es y cómo funciona DragonFire

DragonFire es un sistema de energía dirigida por láser diseñado para proteger plataformas navales frente a amenazas de corto y medio alcance, en especial drones y proyectiles de pequeño calibre. Fue desarrollado por equipos industriales junto con laboratorios de defensa y pasó por campañas de prueba que incluyeron disparos de alta potencia y evaluaciones en condiciones operativas.

Técnicamente, DragonFire opera con energía eléctrica y genera su haz mediante la combinación de múltiples fuentes de fibra óptica que se ensamblan en un solo rayo de alta calidad. La potencia citada para la versión naval es de 50 kW, suficiente para impartir energía térmica concentrada sobre un blanco en línea de visión a distancias operativas relevantes. En pruebas públicas se mostró la capacidad de acertar un objetivo del tamaño de una moneda a 1 km, apoyada por óptica adaptativa que corrige distorsiones atmosféricas.

El sistema se monta sobre una torreta estabilizada que integra sensores electroópticos y un láser secundario para seguimiento y puntería. Su consumo energético se administra mediante equipos de almacenamiento y distribución diseñados para no comprometer la operatividad del buque, incluyendo soluciones como sistemas de volante de inercia. A diferencia de los misiles, el láser no requiere munición física: su munición es la energía disponible a bordo, lo que reduce la logística y el costo por intervención.

Costos, ventajas operativas y límites

Una de las razones para impulsar este tipo de armamento es su economía operativa. El costo por disparo se sitúa en el orden de menos de 10 libras, una fracción mínima frente al precio de misiles y munición convencional. Además, el láser permite neutralizar amenazas sin generar fragmentación ni detonaciones secundarias, lo que lo hace atractivo para proteger zonas con riesgo de daños colaterales.

En cuanto a capacidades, las pruebas informaron la destrucción o incapacitación de drones que alcanzan velocidades altas; en campañas se evaluaron blancos a velocidades de hasta 650 km/h, y se observó eficacia contra proyectiles de artillería ligera o morteros a corto alcance. No obstante, persisten limitaciones inherentes a la física del sistema: el efecto del haz depende de la visibilidad y de la ausencia de obstáculos entre el emisor y el blanco. La efectividad puede degradarse por condiciones atmosféricas adversas o por la presencia de aerosoles en la trayectoria del rayo.

Otro desafío técnico es el costo y la complejidad de componentes críticos, como los directores de haz y los subsistemas ópticos de alto rendimiento, además de las demandas de integración energética en plataformas no diseñadas originalmente para esta carga. El programa incluye un enfoque de adquisición paralela que combina desarrollo, pruebas y producción para acelerar la disponibilidad sin esperar una etapa final de maduración completa.

Implicancias para la defensa naval

La incorporación de DragonFire ofrece a la flota una capa adicional de defensa contra amenazas asimétricas y saturantes, reduciendo la dependencia exclusiva de misiles interceptores. En operaciones donde se integran sensores y sistemas de armas, un láser puede actuar como primer escalón de defensa, preservando munición cara para amenazas que escapen a su alcance o a las condiciones de empleo.

La entrada en servicio de estos equipos obligará a ajustar procedimientos de defensa cercana, capacitar tripulaciones y reorganizar la logística energética de las unidades, además de actualizar normas de uso del arma en escenarios operativos. Los límites técnicos y las condiciones de empleo determinarán cuándo y cómo se utilizará el sistema, pero la capacidad de ofrecer defensa eficaz contra drones y proyectiles de pequeño porte ya cambia la ecuación táctica a favor de la plataforma que lo porte.

La llegada de DragonFire a los buques en 2027 será un paso relevante en la adopción de armas de energía dirigida para la defensa naval, con implicancias operativas y logísticas que las fuerzas deberán gestionar en los próximos años.

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