La combinación de reservas de petróleo para apenas 15 o 20 días y un salto en la tensión con Estados Unidos empujó a embajadas europeas y latinoamericanas y a empresas con operaciones en Cuba a actualizar planes de contingencia y evacuación en el corto plazo.
Reservas al límite y caída de los envíos
La crisis energética en la isla quedó expuesta con estimaciones que ubican las existencias de crudo en un umbral mínimo. De acuerdo con datos de la consultora Kpler difundidos por Financial Times, Cuba tendría petróleo suficiente para 15 o 20 días.
En lo que va de 2026, la isla recibió 84.900 barriles a partir de una única entrega mexicana realizada el 9 de enero, lo que equivale a poco más de 3.000 barriles diarios. Esa cifra contrasta con el promedio de 37.000 barriles diarios aportados por el conjunto de proveedores durante 2025.
La analista de Kpler Victoria Grabenwöger explicó que, sumado ese cargamento a los 460.000 barriles disponibles en inventario al inicio del año, el abastecimiento alcanzaría solo para 15 a 20 días de consumo.
Presión regional y freno del crudo venezolano
El deterioro del suministro se da en un contexto de endurecimiento de la presión estadounidense sobre los proveedores regionales. Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero, Washington lanzó advertencias directas a Cuba y empujó al cierre del flujo de petróleo venezolano hacia La Habana, cuando Caracas había sido hasta ahora su principal proveedor.
Según Kpler, el último cargamento venezolano, clave para la generación eléctrica, llegó en noviembre. A la vez, México, que en 2024 se había consolidado como el principal abastecedor, suspendió envíos en medio de las amenazas de Washington.
La presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que la decisión sobre los despachos de crudo corresponde a México y calificó las entregas como una “decisión soberana”, aunque señaló que parte de los envíos respondían a contratos con Petróleos Mexicanos y a ayuda humanitaria.
Aranceles y mensajes desde Washington
La escalada incluyó medidas comerciales. Donald Trump firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles adicionales a los bienes importados desde países que vendan o suministren petróleo al régimen de Cuba. El objetivo declarado fue proteger los intereses estratégicos de Washington frente a lo que el presidente consideró “acciones malignas” de La Habana en el plano internacional.
En declaraciones públicas durante esa misma semana, Trump sostuvo que, tras el cerrojazo energético, Cuba estaba “a punto de caer” y llegó a afirmar que lo único que quedaba por hacer era “entrar y destruir el lugar”.
Su secretario de Estado, Marco Rubio, dijo luego de la captura de Maduro: “Si estuviera en La Habana, estaría preocupado, aunque fuera un poco”. En tanto, el subsecretario de Estado Christopher Landau expresó el miércoles que Washington desearía que en 2026 los cubanos puedan “ejercer sus libertades fundamentales”, en una referencia a un cambio político en la isla.
Planes de evacuación en embajadas y movimientos en empresas
En La Habana, la preocupación se tradujo en revisiones de protocolos. Cerca de una decena de países europeos y latinoamericanos (que pidieron mantener el anonimato) describieron que embajadas y compañías internacionales están revisando planes de contingencia y evacuación, según lo informado.
Una diplomática en La Habana, también sin identificación, sostuvo que la revisión responde a la necesidad de “preparar escenarios”. Entre las acciones mencionadas aparecen:
- Actualización de planes de evacuación y de listados de nacionales residentes en Cuba.
- Contacto directo con ciudadanos para chequear datos, “llamando uno a uno”.
- Acopio de suministros para afrontar eventuales períodos extensos sin corriente eléctrica, combustibles y agua.
En el sector privado, el caso más visible fue el de la multinacional británica Unilever, que ya evacuó a las familias de sus trabajadores extranjeros en el país. La firma produce en Cuba artículos de higiene, belleza y limpieza.
Otras filiales de empresas internacionales también plantearon, en conversaciones internas, que la incertidumbre geopolítica las llevó a replantear su actividad con sus casas matrices. Los motivos que señalaron fueron, por un lado, la posibilidad de una intervención militar estadounidense —aun si fuera “quirúrgica”— y, por el otro, el impacto del deterioro económico local, con apagones más frecuentes y una escasez de combustibles que amenaza la continuidad productiva. Algunas empresas dijeron contar con reservas de carburante para sostener operaciones manufactureras, pero advirtieron que, si se cortan definitivamente los envíos desde Venezuela y México, mantener la producción resultaría inviable.
Un clima de tensión con antecedentes y efecto en la vida diaria
La tensión entre Estados Unidos y Cuba se inserta en una historia de choques desde 1959, con episodios como Bahía de Cochinos (1961), la crisis de los misiles (1962), el éxodo del Mariel (1980) y el derribo de avionetas de Hermanos al Rescate (1996). En el presente, especialistas señalaron que el cuadro actual reúne una presión externa más asertiva y una crisis interna profunda.
El impacto sobre la población se refleja en apagones casi diarios y mayores dificultades económicas, en un escenario de recesión con caída de ingresos turísticos y de la producción agrícola, y una dependencia marcada de proveedores externos.
En respuesta, el dictador Miguel Díaz-Canel escribió en redes sociales que la presión extranjera y las amenazas no van a frenar al régimen: “La crudeza de estos tiempos y la brutalidad de las amenazas contra Cuba no nos detendrán”.




