La “dolarización” del sector privado dejó un número que llama la atención por tamaño y por antecedente histórico: en 2025, la compra privada total de dólares —sumando compras netas de billetes y transferencias de divisas sin fines específicos— registró un saldo neto de US$ 32.338 millones. Es el valor más alto desde 2003, cuando comenzó la serie estadística con este nivel de detalle.
El dato no mide un solo comportamiento, sino varios al mismo tiempo. Incluye compras de dólares por parte de personas y empresas sin un destino declarado (por ejemplo, ahorro), y también ciertas transferencias de divisas sin un fin específico informado. En otras palabras: captura el flujo “libre” que suele asociarse a la búsqueda de cobertura en moneda dura.
Qué significa “sin fines específicos” y por qué no es lo mismo que “se fue todo afuera”
En el lenguaje del balance cambiario, “sin fines específicos” no equivale automáticamente a “fuga” o a “salida al exterior” en sentido estricto. Se trata de una categoría que agrupa operaciones donde no hay un motivo económico identificable como importaciones, pagos de deuda, servicios, turismo o giros de utilidades, sino decisiones de tenencia o transferencia de divisas sin destino declarado.
Un punto clave que suele pasar desapercibido: parte de esos dólares queda depositada en cuentas locales o se usa luego para cancelar consumos con tarjeta en moneda extranjera. Es decir, el hecho de comprar billetes o divisas no implica, por sí solo, que el dinero termine incrementando activos externos netos del sector privado. El sistema lo registra como demanda de moneda, pero el destino final puede ser local o quedar “en circuito” dentro del país, según el uso posterior.
Aun con esa aclaración, el número de 2025 es contundente: expresa un año de alta búsqueda de cobertura, con una magnitud que obliga a mirarlo como un fenómeno macro y no solo como una anécdota del mercado minorista.
El número del año y cómo se construye
El saldo neto anual de US$ 32.338 millones surge de sumar, mes a mes, el resultado de “compra neta de billetes y transferencia de divisas sin fines específicos” a lo largo de todo 2025. En algunos meses la demanda se aceleró con fuerza y en otros se moderó, pero el acumulado terminó dejando un récord.
Para dimensionar el ritmo, el propio balance cambiario muestra que en diciembre de 2025 el flujo “sin fines específicos” del sector privado volvió a ser relevante: en ese mes, la compra neta asociada a esa categoría rondó los US$ 1.822 millones (resultado neto combinado entre billetes y transferencias). Ese cierre de año es importante porque, aun cuando la demanda aflojó respecto de los picos previos, siguió siendo un componente dominante de la cuenta financiera del sector privado.
En paralelo, el informe marca que, dentro de las operaciones del mercado de cambios, las personas humanas fueron el actor con mayor compra neta sectorial en el mes, impulsada principalmente por compras netas de billetes sin fines específicos. Esto ayuda a entender por qué el tema se instaló en la conversación pública: no fue un movimiento exclusivamente corporativo; también hubo participación minorista en el tramo final del año.
Por qué cayó la demanda después de las elecciones
El enfriamiento posterior a las elecciones encaja con un patrón conocido: cuando baja la incertidumbre política inmediata o cambia el clima de expectativas, parte del impulso de cobertura pierde fuerza. En esos momentos, suele ocurrir una combinación de factores: algunos ahorristas dejan de comprar, otros venden para cubrir gastos o recomponen liquidez, y las empresas ajustan su demanda según su planificación de pagos.
Que la demanda se haya moderado al final no contradice el récord anual; al contrario, lo explica. El acumulado de 2025 quedó definido por lo que pasó durante los meses de mayor tensión y búsqueda de cobertura. Una vez “marcado” ese volumen, aunque el ritmo bajara, el número del año ya no tenía vuelta atrás.
Además, el balance cambiario no se lee aislado: convive con el contexto de reservas, financiamiento y dinámica de importaciones/exportaciones. Cuando el sector privado demanda divisas por fuera de los canales productivos (bienes, servicios, deuda), el sistema necesita compensaciones por otras vías —ingresos comerciales, financiamiento, movimiento del sector público o cambios en reservas— para mantener equilibrio.
Qué miran ahora el mercado y los analistas
El récord de US$ 32.338 millones deja dos preguntas hacia adelante. La primera es si 2026 repite un nivel similar o si el flujo se normaliza a valores más bajos. La segunda es cómo se articula esa demanda con el resto del balance cambiario: si el financiamiento externo, el superávit comercial o la acumulación de reservas pueden absorberla sin generar tensiones.
En lo inmediato, el dato funciona como un termómetro de comportamiento: muestra cuánta cobertura buscó el sector privado en un año y cuán sensible fue el mercado a la incertidumbre. Por eso el número se lee como récord estadístico, pero también como señal económica: en 2025, el dólar siguió siendo el refugio preferido para una parte grande del ahorro y la liquidez, aun cuando después de las elecciones el ritmo haya bajado.




