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Vaca Muerta arrancó 2026 a toda máquina: enero tuvo 2.401 fracturas y quedó a un paso del récord

Vaca Muerta empezó 2026 con una señal fuerte: en enero se realizaron 2.401 etapas de fractura, el segundo mejor registro mensual desde que el shale neuquino entró en modo “industria”. La marca quedó apenas por debajo del récord de mayo de 2025, cuando se habían contabilizado 2.588 etapas. El número no es solo estadística técnica: es el “pulso” de cuánto se está completando y poniendo en producción en el corazón del petróleo y el gas no convencional argentino.

Para dimensionarlo, el salto se ve en la comparación inmediata: diciembre de 2025 había cerrado con 1.791 etapas, y enero pegó un acelerón claro. También se destaca por el contraste con el promedio del año pasado: en 2025 la cuenca acumuló 23.784 etapas de fractura, un promedio mensual cercano a 1.982. En otras palabras, el primer mes de 2026 quedó muy arriba del “ritmo medio” del 2025 y confirmó que la operación arrancó con intensidad.

Qué son las “etapas de fractura” y por qué importan

En el lenguaje del shale, las etapas de fractura (también llamadas “punciones”) son el conteo de cada tramo del pozo en el que se realiza la estimulación hidráulica para habilitar el flujo de hidrocarburos. Un pozo horizontal no se fractura “una sola vez”: se lo hace por secciones. Cuantas más etapas se completan, más pozos quedan listos para producir o más pozos pasan a un régimen productivo mayor.

Por eso, el indicador es clave: no mide intención ni planes, mide actividad real en el campo. Es una de las variables que mejor anticipa producción futura de shale oil y shale gas, junto con la cantidad de equipos activos y el ritmo de perforación. Si el conteo se sostiene mes a mes, es una señal de continuidad operativa; si cae, suele reflejar frenos por costos, financiamiento, logística o precios internacionales.

El detalle del arranque: más petróleo que gas y liderazgo de operadoras

El arranque de enero mostró otra lectura relevante: el peso del petróleo. De las 2.401 etapas, 1.968 estuvieron vinculadas a shale oil y 433 al gas natural. Esa distribución sugiere que el motor del inicio de año volvió a estar en los desarrollos petroleros, que son los que más traccionan exportaciones y caja en el corto plazo.

En el ranking de actividad, las principales operadoras concentraron gran parte del volumen. YPF lideró el movimiento, seguida por Vista y Pluspetrol, con participación destacada también de Pan American Energy y otras compañías con presencia relevante en la cuenca. En un negocio de escala, esa concentración no sorprende: los grandes jugadores son los que sostienen equipos, contratos y logística para mover operaciones de alto ritmo.

Además, el dato se leyó como una consolidación de eficiencia operativa: más etapas en un mes suele estar asociado a mejores tiempos de completación, mayor coordinación de servicios y equipos, y una organización más “de fábrica” en áreas núcleo. Según lo informado, la comparación interanual marca un crecimiento cercano al 36%, una cifra que refuerza la idea de que el shale argentino sigue empujando su propio techo operativo.

Qué implica para la producción y el frente exportador

Un mes con 2.401 etapas no significa automáticamente un salto instantáneo de producción, pero sí fortalece la perspectiva de sostener o aumentar el nivel en los meses siguientes. En shale, el “pipeline” productivo depende de que la completación no se frene. Si se mantiene el ritmo, aumenta la probabilidad de seguir ampliando el volumen de crudo disponible y, con eso, el potencial exportador.

Ahí aparece el otro eje del año: la infraestructura. La producción puede crecer, pero necesita evacuación: oleoductos, plantas de tratamiento, capacidad de almacenamiento y salidas a puertos o mercados regionales. En la práctica, la discusión del 2026 no pasa solo por “cuánto se fractura”, sino por “cuánto se puede transportar y vender” sin cuellos de botella.

El empuje de Vaca Muerta también se sigue por su impacto macro: más producción local tiende a mejorar el balance energético (menos importaciones estacionales y más exportaciones), y eso influye en ingreso de divisas y en la estabilidad general del mercado. Por eso, estos registros operativos se miran con lupa: son señales tempranas de si el año puede sostener un sendero de producción alto.

Con este arranque, Vaca Muerta dejó una foto nítida: enero fue uno de los meses más fuertes de la historia en fracturas, apenas por debajo del récord. El desafío ahora es sostener el ritmo y que la infraestructura acompañe. Si esas dos cosas se alinean, 2026 puede ser otro año de expansión del shale neuquino, con impacto directo en producción, exportaciones y en el resultado energético del país.

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