spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
InicioEducación y SaludMoverse durante la quimioterapia: cuándo y cómo el ejercicio forma parte del...

Moverse durante la quimioterapia: cuándo y cómo el ejercicio forma parte del tratamiento

El cambio de paradigma

Durante décadas la recomendación frente a la quimioterapia fue el reposo y la conservación de energía. Esa idea cambió. Hoy, el movimiento dejó de verse como un riesgo y se considera una intervención terapéutica complementaria. La propuesta central es incorporar actividad física adaptada y supervisada al plan de tratamiento. El objetivo es reducir la fatiga, mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y mantener la autonomía del paciente mientras recibe quimioterapia.

Qué muestra la evidencia

Ensayos y revisiones de los últimos años respaldan esa transformación. Guías clínicas internacionales incorporaron el ejercicio como parte de la atención oncológica a partir de 2022, recomendando programas individualizados que combinan ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza. Un meta-análisis publicado en 2023 compiló 68 ensayos con un total de 4.700 pacientes. Concluyó que la combinación de 150 minutos por semana de actividad aeróbica moderada más fuerza dos veces por semana reduce la fatiga crónica en torno a un 37% (IC 95%: 27-46%).

Otros trabajos muestran mejoras en la capacidad funcional. Se registraron aumentos de entre 20% y 30% en la distancia recorrida en el test de seis minutos. También se observaron alivios en síntomas como náuseas y dolor, con reducciones cercanas al 25%. En contextos seleccionados, algunos ensayos asociaron la actividad física con beneficios en indicadores de progresión. En un subgrupo de pacientes con cáncer de mama metastásico se informó un incremento relativo de alrededor de 15% en la supervivencia libre de progresión.

Una experiencia local y la respuesta comunitaria

En Argentina hay relatos que reflejan este cambio. Pacientes que combinaron quimioterapia con programas de ejercicio supervisado cuentan menores niveles de fatiga y mejoría en la funcionalidad diaria. Un caso referido por familiares y profesionales describe a Ivana, una estudiante de medicina de Rosario que integró rutinas guiadas durante su tratamiento y pudo completar la carrera casi al mismo tiempo que finalizó la terapia. Esa experiencia impulsó debates, talleres y la organización de grupos de apoyo en hospitales y universidades de la región.

También surgieron iniciativas tecnológicas locales para el seguimiento. Una aplicación desarrollada en el ámbito universitario llegó a cerca de 10.000 pacientes activos que usaban rutinas personalizadas. Estos proyectos facilitaron la coordinación entre equipos médicos, fisioterapeutas y pacientes en entornos con recursos variados.

Cómo se implementa y cuáles son las precauciones

La clave para incorporar ejercicio durante la quimioterapia es la individualización. El plan ideal se diseña en conjunto entre oncólogo, fisioterapeuta o kinesiólogo y, cuando corresponde, especialistas en rehabilitación cardiopulmonar. En términos generales la pauta recomendada combina ejercicio aeróbico moderado —por ejemplo caminatas o ciclismo estacionario— por un total de 150 minutos semanales y sesiones de fuerza dos veces por semana, adaptadas al nivel de cada paciente.

No todos los pacientes son candidatos sin ajustes. Hay contraindicaciones claras, como trombocitopenia severa. En casos de plaquetas por debajo de 50.000/µL suele recomendarse limitar o modificar la intensidad y el tipo de actividad. También se describieron riesgos cardiovasculares en subgrupos, con tasas variables: algunos trabajos reportaron riesgos alrededor de 5% en ciertas poblaciones. Por eso la evaluación previa y el monitoreo son imprescindibles.

Para implementar un programa en la práctica clínica se recomiendan pasos concretos: valoración física y cardiaca antes de empezar, planificación de sesiones presenciales o supervisadas de forma remota según disponibilidad, ajustes de intensidad según efectos adversos de la quimioterapia y seguimiento periódico para modificar la pauta. Especialistas locales insisten en que la prescripción del ejercicio debe tener la misma seriedad que cualquier otro tratamiento: no es una recomendación genérica, sino una indicación médica que suma beneficios cuando se aplica con seguridad. Como sintetiza la Dra. Florencia O’Keeffe: «No hay receta única; cada plan debe adaptarse al paciente y ajustarse a la evolución del tratamiento».

La evidencia sugiere que mover el cuerpo durante la quimioterapia, con supervisión adecuada, puede dejar de ser una excepción y convertirse en parte habitual del abordaje oncológico. Pacientes, equipos de salud y centros asistenciales que avanzan en esa dirección buscan reducir complicaciones funcionales y mejorar la calidad de vida durante un proceso que hasta hace poco se asociaba casi exclusivamente con reposo.

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
MAS COMENTADAS
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_imgspot_imgspot_img
- Advertisment -spot_imgspot_imgspot_img

MAS VISTAS

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

COMENTARIOS RECIENTES