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El BCRA acumuló más de u$s8.000 millones y el mercado mira el segundo semestre

El Banco Central lleva comprados u$s8.077 millones netos en el mercado oficial durante 2026, una acumulación que el mercado considera sostenida pero con fecha de vencimiento. Las reservas brutas rondan los u$s46.000 millones, y el dólar mayorista opera debajo de los $1.400. El consenso entre analistas es que ese esquema enfrenta su prueba más difícil entre julio y diciembre, cuando se agotan los factores estacionales que hoy sostienen la oferta de divisas.

Por qué el BCRA pudo comprar tanto

La acumulación se explica por tres fuentes concurrentes de oferta. La primera y más relevante es la liquidación del sector agroexportador, que en el primer semestre vuelca al mercado los saldos de la cosecha gruesa. La segunda es la colocación de obligaciones negociables por parte de empresas locales, que traen dólares del exterior para financiarse en pesos a tasas competitivas. La tercera es el carry trade: inversores que prefieren quedarse en pesos porque la tasa doméstica supera la devaluación esperada.

El ritmo de intervención fue gradual pero constante. Analistas de mercado señalaron que en varias ruedas las compras del Central representaron alrededor del 5% del volumen operado, en línea con un criterio de no distorsionar el precio. En al menos una jornada de febrero, las compras superaron el 40% del volumen de la rueda, lo que reflejó una oferta excepcionalmente alta de exportadores ese día. Salvador Vitelli fue una de las voces que dimensionó ese dato en tiempo real.

Gustavo Quintana señaló que la combinación de oferta exportadora y emisiones corporativas fue lo que empujó el tipo de cambio hacia la zona baja de la banda, sin necesidad de intervención agresiva por parte del Central. Leo Anzalone coincidió en ese diagnóstico.

Qué mira el mercado para la segunda mitad del año

El problema que anticipan los analistas no es el presente sino el cambio de condiciones que ocurre todos los años a partir de julio. La oferta estacional del agro se reduce de manera significativa después del grueso de la liquidación de soja y maíz. Sin ese flujo de divisas, el equilibrio del mercado de cambios depende más de otros instrumentos, que son menos predecibles.

A ese factor se suman tres presiones adicionales. La primera es la mayor demanda de cobertura en la segunda mitad del año, que históricamente se acelera cuando los agentes económicos perciben que la oferta de dólares se achica. La segunda es el contexto global: los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos en torno al 4,6% anual hacen más atractivo el refugio en activos norteamericanos y encarecen el costo del financiamiento externo para países emergentes. La tercera es la incertidumbre geopolítica vinculada al conflicto en Medio Oriente, que puede presionar sobre los precios de los commodities y sobre el apetito por riesgo de los inversores internacionales.

Ignacio Morales señaló que en algunos momentos del primer semestre el Tesoro también vendió divisas en el mercado para evitar que el tipo de cambio oficial se acercara al techo de la banda cambiaria. Esa intervención combinada —Central comprando en el piso, Tesoro vendiendo cerca del techo— fue la que mantuvo el precio dentro del rango.

El debate de fondo: reservas versus tipo de cambio

Detrás de las cifras de compras diarias hay una discusión más estructural. Para el gobierno, acumular reservas reduce la fragilidad externa y mejora la posición del país frente a vencimientos de deuda y potenciales turbulencias. Para una parte de los analistas, un tipo de cambio que se mantiene bajo por la oferta estacional puede derivar en un encarecimiento de la economía en dólares que desincentive exportaciones y aliente importaciones.

También hubo quejas del sector exportador por lo que describieron como atraso cambiario, en referencia al encarecimiento relativo de los costos locales medidos en moneda dura. Esa tensión no es nueva en la economía argentina, pero se vuelve más visible cuando el tipo de cambio permanece estable durante un período prolongado mientras los precios internos suben.

Martín Sarano estimó en febrero que el BCRA compraba a un ritmo de alrededor de u$s60 millones por día y consideró que esa dinámica enviaba señales ordenadas al mercado. Max Capital, en tanto, subrayó que las compras pequeñas y graduales eran preferibles a intervenciones bruscas, porque no generan ruido sobre el precio.

Qué tan cerca está el BCRA de su meta

Las compras netas acumuladas representaban alrededor del 80% de la meta de acumulación de reservas fijada para el período. Esa referencia circuló en el mercado sin que haya una cifra oficial única publicada de manera explícita por la autoridad monetaria. Conviene tomar ese porcentaje como una estimación de mercado y no como un parámetro confirmado por el Banco Central.

Lo que sí es verificable es la secuencia: en enero las compras diarias rondaron los u$s83 millones a u$s185 millones según las jornadas, con el mayorista cerrando en torno a $1.467,50. Hacia febrero, el tipo de cambio había bajado hasta $1.370, unos $230 por debajo del techo de la banda. La tendencia fue de dólar más tranquilo con reservas en alza.

El interrogante que deja abierto el primer semestre es si el Banco Central podrá sostener esa dinámica de acumulación cuando la oferta del agro ceda terreno. La respuesta dependerá de cuánto carry trade persista, de cuánto financiamiento corporativo llegue, de cómo evolucione el contexto global y de si el mercado mantiene la calma o busca cobertura antes de las elecciones.

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