Una definición del amor desde la vulnerabilidad
El psicoanalista y escritor Gabriel Rolón volvió a instalar un debate sobre los vínculos afectivos con una frase que se difundió con rapidez: “Amar a alguien es otorgarle un poder sobre vos, y el amor sano es el que nunca usa ese poder para dañarte”.
La reflexión surgió en una entrevista televisiva en la que el especialista abordó el sentido del amor, la intimidad compartida y la manera en que se construyen relaciones más plenas. Para Rolón, amar supone una entrega real, porque en ese vínculo se depositan aspectos profundos de la vida emocional que no suelen mostrarse ante cualquiera.
El poder que aparece en la intimidad
Explicó que ese poder no tiene que ver con el control, sino con el acceso a zonas sensibles de la subjetividad: dolores, miedos, vergüenzas, deseos y heridas. En ese intercambio íntimo, una persona queda expuesta ante otra, y allí aparece una de las claves del vínculo amoroso.
Desde esa mirada, el amor sano no elimina la vulnerabilidad, sino que la cuida. El centro de la relación, planteó, está en que aquello que el otro conoce de uno no sea usado para lastimar, manipular o humillar. En esa protección mutua se juega una parte esencial de la confianza.
Deseo, tiempo y responsabilidad afectiva
Durante la charla, Rolón también vinculó el amor con la noción de responsabilidad afectiva, una idea cada vez más presente en las conversaciones contemporáneas sobre pareja y salud mental. Su planteo apunta a que los vínculos no se sostienen solo en la intensidad del deseo, sino también en la forma en que cada persona responde frente a lo que el otro le entrega emocionalmente.
En ese marco, remarcó que el tiempo cumple un papel determinante: los lazos se construyen, se transforman y requieren una elaboración constante. La plenitud, en ese sentido, no aparece como un estado perfecto, sino como una construcción posible cuando hay cuidado, respeto y límites claros frente al daño.
Una voz instalada en el debate público
Rolón es uno de los divulgadores más conocidos del psicoanálisis en la Argentina. Con una extensa trayectoria clínica y editorial, lleva años reflexionando sobre el deseo, el sufrimiento, la pérdida y los modos de amar. Sus intervenciones suelen tener fuerte repercusión porque combinan un lenguaje accesible con conceptos ligados a la práctica terapéutica.
La frase difundida en las últimas horas tuvo amplio eco en redes sociales y entre lectores de su obra, donde fue leída como una síntesis sobre los límites entre amor, entrega y cuidado. En un contexto en el que crecen las discusiones sobre vínculos conflictivos, dependencia emocional y bienestar psíquico, su reflexión volvió a poner el foco en una idea central: amar implica abrirse al otro, pero nunca naturalizar el daño.




