Mar Rojo, energía y logística: por qué el aluminio quedó bajo presión
El conflicto en Oriente Próximo volvió a impactar sobre los mercados de materias primas y uno de los sectores que más siente esa tensión es el del aluminio. La combinación de problemas logísticos en el Mar Rojo, mayores costos de transporte y subas en la energía alteró la dinámica de un negocio que depende de rutas marítimas fluidas y de electricidad competitiva para sostener su producción.
En las últimas semanas, el aluminio mostró volatilidad en la Bolsa de Metales de Londres, aunque luego logró cierta estabilización en torno a los 2.500 dólares por tonelada métrica. Tras una suba inicial que lo llevó cerca de 2.600 dólares por tonelada, el mercado retrocedió por la existencia de inventarios elevados, estimados en 1,8 millones de toneladas, y por la sobreoferta proveniente de China, actor dominante del sector.
El efecto directo de los ataques y desvíos marítimos
Uno de los puntos más sensibles del conflicto es el tránsito por el Mar Rojo. Los ataques hutíes sobre esa zona forzaron a muchas navieras a rediseñar trayectos y rodear África, una alternativa más larga y costosa. Eso impacta de lleno en el traslado de bauxita y alúmina, insumos centrales para la producción de aluminio.
De acuerdo con reportes del sector, los costos logísticos para cargas que salen desde países como Guinea y Australia rumbo a China aumentaron entre 30% y 40%. En algunos casos, los fletes spot treparon hasta 10.000 dólares por contenedor. Ese encarecimiento no sólo afecta los márgenes de productores y refinadores, sino que también agrega incertidumbre sobre la cadena de suministro industrial en Asia, Europa y Medio Oriente.
Una industria electrointensiva que mira de cerca al gas
El aluminio es un metal estratégico para la industria automotriz, la construcción, la aviación y la transición energética, pero su fabricación tiene una particularidad: requiere enormes cantidades de electricidad. Las fundiciones consumen entre 13 y 15 MWh por tonelada, por lo que cualquier alteración en el costo energético tiene un impacto casi inmediato sobre la rentabilidad.
En ese marco, la suba del gas natural asociada a las tensiones geopolíticas volvió a poner bajo presión a los productores. La industria aluminera representa cerca del 4% del consumo eléctrico mundial, una proporción que explica por qué los movimientos en el mercado energético son seguidos de cerca por traders, gobiernos y fabricantes. En Asia, los precios del gas habrían mostrado incrementos del orden del 20%, lo que complica especialmente a operaciones con menor acceso a energía subsidiada o hidroeléctrica.
China sostiene la oferta y evita un salto mayor de precios
Pese al ruido geopolítico, el mercado no replicó por ahora los picos extremos vistos en 2022, cuando la guerra en Ucrania llevó al aluminio cerca de 3.500 dólares por tonelada. La principal razón es que China, responsable de aproximadamente 60% de la oferta mundial, mantiene una capacidad de producción suficiente para amortiguar shocks externos.
El país asiático produjo alrededor de 42 millones de toneladas anuales y sigue siendo la referencia central para entender la evolución del metal. Aunque también enfrenta desafíos internos, como restricciones energéticas y sequías que afectan generación hidroeléctrica en algunas regiones, su peso en la oferta global actúa como un factor de contención frente a una escalada más fuerte de precios.
El consumo mundial de aluminio ronda las 70 millones de toneladas, impulsado por sectores de crecimiento estructural como los vehículos eléctricos y las energías renovables. Esa demanda de fondo mantiene la atención del mercado sobre cualquier alteración de oferta, aunque por ahora la disponibilidad de material y los stocks altos moderan la reacción.
Impacto en Oriente Próximo y efectos indirectos en Argentina
En Oriente Próximo, productores relevantes como Emiratos Árabes Unidos también sienten el impacto. Emirates Global Aluminium, una de las compañías más importantes de la región, habría registrado una baja de 15% en exportaciones vía Mar Rojo, reflejando que el problema no es sólo de precios sino también de circulación física de mercadería.
En la Argentina, el escenario se sigue con atención por el peso de Aluar, la principal empresa del sector, con una producción cercana a 460.000 toneladas anuales. Si bien el país no está en el centro de la crisis, sí recibe efectos indirectos a través de mayores costos logísticos y energéticos. Parte del mercado local destaca que la firma cuenta con la ventaja de abastecerse mayoritariamente con energía hidroeléctrica patagónica, un factor que le da mayor resiliencia frente a la volatilidad internacional.
De todos modos, el encarecimiento del gas importado y la presión sobre los fletes aparecen como variables a monitorear. En un contexto global todavía inestable, el aluminio sigue mostrando resistencia, pero el riesgo no desapareció. Si el bloqueo o la disrupción en el Mar Rojo se profundiza, el mercado podría volver a tensionarse y acercarse a la zona de 3.000 dólares por tonelada, con impacto sobre industrias clave de todo el mundo.




