Crecimiento por encima de las previsiones
BYD llegó a la Argentina hace menos de medio año y ya acumula más de 6.000 usuarios, según declaraciones de su country manager, Christian Kimelman. La automotriz china se ubica entre las diez marcas con más patentamientos del mercado local y tiene el vehículo eléctrico más vendido del país, de acuerdo con los números que maneja la propia empresa. Kimelman reconoce que la demanda superó las proyecciones iniciales y que hoy el límite del negocio no es el tamaño del mercado, sino la cantidad de unidades que consiguen importar.
La red comercial arrancó con 13 concesionarios exclusivos distribuidos en Buenos Aires, La Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza. La meta es cerrar 2025 con entre 20 y 30 puntos de venta, incorporando cobertura en el norte y el sur del país. Algunos modelos ya tienen lista de espera y configuraciones agotadas, lo que la marca lee como señal de aceptación antes que como problema logístico.
El argumento del costo de carga
El dato más concreto que ofrece Kimelman para justificar el cambio hacia la movilidad eléctrica es el costo de recarga: cargar un BYD en casa o en el trabajo sale entre $6.000 y $8.000 y permite recorrer alrededor de 350 kilómetros. La cifra proviene de la declaración del ejecutivo y no de una medición independiente, pero ilustra el argumento central de la empresa: el precio de lista no es el único número relevante cuando se compara con un auto a combustión.
Sobre la infraestructura de carga, Kimelman sostiene que el obstáculo real no es la red pública, sino contar con un lugar propio para estacionar. Afirma que más del 80% o 90% de las recargas ocurren en domicilios particulares o lugares de trabajo, y que los cargadores públicos funcionan como complemento para viajes largos. Desde que BYD desembarcó en el país, la empresa asegura que la cantidad de cargadores disponibles se duplicó, resultado de acuerdos con socios locales e instaladores.
Brasil como pivote regional
La estrategia de mediano plazo de BYD en la región gira en torno a su planta en Brasil, que tendrá capacidad para producir 300.000 unidades anuales. Kimelman anticipa que el primer modelo fabricado en ese país podría llegar a la Argentina el año que viene. El impacto sería directo sobre los costos logísticos y, en consecuencia, sobre el precio final al consumidor. Hoy los vehículos se importan desde China, lo que encarece la cadena y limita la capacidad de competir en precio con marcas que producen regionalmente.
La empresa también trabaja para operar por fuera de los cupos de importación que impulsaron su llegada inicial. Según Kimelman, esos cupos fueron un incentivo, pero no el único motivo del desembarco: BYD ya tenía antecedentes en el mercado argentino con buses eléctricos en Mendoza y venía analizando la operación desde hacía años.
Lanzamientos y desafíos pendientes
La empresa prepara un nuevo modelo para el mes próximo y más lanzamientos en el segundo semestre, con novedades en SUVs y sedanes. Para 2026 anticipan incorporaciones al segmento de pick-ups, donde ya opera la Shark —híbrida enchufable—, y para 2027 anuncian avances en sistemas de asistencia a la conducción.
El principal desafío que reconoce Kimelman es el financiero: desarrollar esquemas de crédito adaptados al mercado local, donde BYD no cuenta todavía con planes de ahorro ni con los canales históricos de financiamiento que tienen las terminales con décadas de presencia. La logística interna también suma costos: mover autos dentro del país sigue siendo caro, según el propio ejecutivo. La empresa declara haber generado más de 600 empleos directos e indirectos y acumulado 10.000 horas de capacitación desde su llegada.
BYD tiene filial propia en alrededor de 40 países de los más de 110 en los que opera. Argentina es uno de ellos, lo que la empresa presenta como señal de apuesta a largo plazo más allá de las condiciones macroeconómicas puntuales.




