El Banco Central lleva acumuladas compras por casi US$9000 millones en lo que va de 2026, con el dólar mayorista estabilizado en torno a los $1400, una baja nominal de alrededor del 4% respecto del cierre de 2025. Lo que cambia en este ciclo no es solo la magnitud de las compras, sino de dónde vienen los dólares: además del agro, aparecen con fuerza la energía y la deuda corporativa y provincial, en niveles que no se habían visto en años.
El agro sigue presente, pero ya no es el único motor
La liquidación del sector agrícola aportó un flujo relevante en mayo. Según estimaciones de GMA Capital, ese mes ingresaron unos US$2300 millones por ventas del campo, impulsados por la cosecha gruesa y la vigencia de una reducción transitoria de retenciones. Esa combinación sostuvo la oferta en el mercado cambiario durante el pico de la temporada.
El problema conocido es que ese flujo es estacional. El agro pierde fuerza en el segundo semestre y la curva de liquidación cae de manera pronunciada entre julio y octubre. En ciclos anteriores, esa caída presionaba el tipo de cambio y complicaba la acumulación de reservas. La novedad es que este año hay otros flujos que compensan parte de esa estacionalidad.
Energía: previsible y en expansión
El complejo energético exportó US$9003 millones en los últimos doce meses, según datos de GMA Capital. La cifra no solo es alta en términos históricos, sino que tiene una característica que los analistas valoran frente al agro: menor volatilidad. Las exportaciones de hidrocarburos no dependen de lluvias ni de precios de commodities agrícolas, y la expansión de Vaca Muerta, con un salto exportador sostenido en el tiempo, les da previsibilidad a los flujos.
El contexto internacional también acompaña. Los precios del petróleo se mantienen elevados en parte por la tensión en Medio Oriente, lo que mejora el valor de cada barril exportado y amplía el margen de ingreso de divisas por esa vía.
Deuda corporativa y provincial: el regreso al mercado
El tercer motor que aparece en este cuadro es el mercado de crédito en dólares. Empresas y provincias volvieron a emitir deuda en moneda extranjera a un ritmo que se describe como inédito para el ciclo reciente. El crédito en dólares al sector privado ya refleja esa dinámica: la demanda de financiamiento en moneda dura reapareció con fuerza después de años de mercado cerrado o con acceso muy restringido.
Esta fuente de divisas opera de manera diferente al agro o la energía. No responde a cosechas ni a precios internacionales de commodities, sino a la percepción de riesgo y a la tasa que el mercado exige. Que empresas y provincias puedan salir a colocar deuda en dólares a tasas que hacen viable el financiamiento es, en sí mismo, una señal de cambio en las condiciones de acceso al crédito externo.
Un modelo de acumulación con menos dependencia estacional
La combinación de estos tres factores —agro con cosecha récord, energía en expansión y mercado de deuda corporativa reabierto— es lo que el Gobierno señala como la base del proceso de acumulación de reservas. El argumento central es que la Argentina está construyendo una oferta de divisas menos atada al calendario agrícola que en ciclos anteriores.
Si esa lectura se sostiene en el tiempo, el segundo semestre, históricamente el más difícil para el tipo de cambio, podría transcurrir con menos presión de la que hubo en años anteriores. La energía y la deuda corporativa, a diferencia del agro, no tienen pico ni valle estacional marcado.
De todos modos, la dinámica tiene condicionantes. El flujo de deuda corporativa y provincial depende de que las condiciones financieras globales no se deterioren y de que el riesgo país argentino se mantenga en niveles que hagan viable el costo del financiamiento. La energía, por su parte, está parcialmente atada a precios internacionales que pueden moverse. La diversificación de fuentes es real, pero no elimina los riesgos externos.




