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InicioEconomía y RuralLa minería en Colombia cerró 2025 con otra fuerte caída

La minería en Colombia cerró 2025 con otra fuerte caída

El sector de minas y canteras en Colombia terminó 2025 con una caída de 6,2%, en un escenario que volvió a encender alertas sobre la evolución de la actividad extractiva y su impacto sobre la energía, las exportaciones y la economía. Fue el segundo año consecutivo en terreno negativo, con un retroceso que afectó sobre todo a tres pilares del rubro: el petróleo, el gas natural y el carbón.

La baja no fue uniforme, pero se sostuvo a lo largo del año. Los registros más marcados se dieron en el segundo trimestre, con una contracción de 10,3%, y en el tercer trimestre, con otra caída de 5,6%. La desaceleración se dio en un contexto de menor producción, dificultades operativas, cambios regulatorios, incertidumbre para nuevas inversiones y un mercado internacional menos favorable para algunos productos clave.

Petróleo, gas y carbón explican la mayor parte del retroceso

Uno de los datos que más incidió en el resultado anual fue el del petróleo. La producción promedio se ubicó en 746.000 barriles por día, con una disminución de 3,4% frente a 2024. Hacia el cierre de 2025, el bombeo siguió mostrando debilidad: en diciembre se ubicó en 747.171 barriles por día, con una baja interanual de 1,1%.

El gas natural mostró una situación todavía más delicada. La producción comercializada cayó 17,1% en el año y quedó en un promedio de 794,5 millones de pies cúbicos por día. En diciembre, el nivel descendió a 692,91 millones de pies cúbicos por día, lo que representó una baja de 22% frente al mismo mes del año anterior. La magnitud de ese retroceso reforzó las advertencias sobre el abastecimiento interno y la necesidad de cubrir faltantes con compras externas.

En el caso del carbón, la extracción también cayó y profundizó una tendencia que ya venía afectando a la actividad. Durante el tercer trimestre, el retroceso fue de 5,5%. El carbón representa cerca de 57% del producto minero y aporta alrededor de 45,2% de las exportaciones mineras, por lo que cualquier baja repercute en el ingreso de divisas y en la actividad de las regiones productoras.

Las causas combinan problemas internos y presión externa

Detrás de la caída aparecen varios factores. Uno de ellos es la declinación natural de los pozos maduros, un fenómeno que afecta especialmente al petróleo y al gas. A medida que avanzan los años de explotación, los yacimientos requieren más inversión, más tecnología y más tareas de mantenimiento para sostener sus niveles de producción. Cuando eso no alcanza o se posterga, el volumen extraído empieza a bajar.

A eso se suman dificultades técnico-operativas en algunos campos, donde sostener la presión o mantener el ritmo de extracción exige condiciones cada vez más complejas. En el gas, este problema quedó especialmente expuesto durante 2025. La menor declaración de reservas y la reducción de la producción disponible reforzaron la preocupación por la seguridad energética, un tema que ya forma parte del debate económico del país.

También hubo cuestionamientos al marco regulatorio y a señales oficiales que dentro del sector son interpretadas como poco favorables para la expansión de la actividad formal. En especial para el carbón, referentes empresarios vienen advirtiendo sobre restricciones, falta de incentivos y un clima de incertidumbre que complica decisiones de inversión de largo plazo. Esa situación se combina con un escenario global atravesado por la transición energética, que modifica la demanda y reduce el margen para algunos proyectos.

En el frente externo, los precios internacionales y la debilidad de ciertos mercados también influyeron. El crudo enfrentó menores valores de exportación en distintos tramos del año, mientras que el carbón siguió condicionado por una demanda internacional menos dinámica. Con ese panorama, el sector tuvo menos capacidad para compensar sus problemas internos con mejores ingresos por ventas al exterior.

El impacto económico va más allá de las empresas extractivas

La baja en minas y canteras no queda limitada a la actividad petrolera o carbonífera. Su efecto se extiende a las cuentas externas, la recaudación, las economías regionales y la disponibilidad energética. Cuando cae la producción de petróleo y gas, también se reducen los aportes por regalías, impuestos y exportaciones. Y cuando baja el carbón, el impacto alcanza a una cadena que incluye transporte, empleo, servicios industriales y puertos.

La preocupación por el gas aparece entre los puntos más sensibles. La menor producción local abre la puerta a una mayor dependencia de importaciones, con costos más altos y una mayor exposición a los vaivenes del mercado internacional. Para 2026, algunas proyecciones anticipan que las compras externas podrían superar 20% de las necesidades de abastecimiento en ciertos segmentos si no se revierte la tendencia actual.

Al mismo tiempo, el mal desempeño del sector contrasta con el mayor dinamismo de otros complejos exportadores. Aunque hubo actividades no mineras que lograron sostener o ampliar sus ventas externas, el peso histórico de los hidrocarburos y del carbón sigue siendo demasiado importante como para ignorar su deterioro. Por eso, el retroceso de 2025 fue leído como una señal de alerta sobre la estructura productiva.

Las proyecciones para 2026 mantienen la preocupación

Lejos de mostrar una recuperación clara, las estimaciones para 2026 apuntan a un nuevo descenso del sector, con una baja cercana a 2,9%. En ese escenario, el carbón volvería a ser uno de los rubros más comprometidos, con un posible retroceso de hasta 12%. La perspectiva refuerza la idea de que el problema no responde a un bache puntual, sino a una tendencia que requiere definiciones de fondo.

El panorama abre un debate central para Colombia: cómo equilibrar la transición energética con la necesidad de sostener producción, inversión y abastecimiento en el corto y mediano plazo. El resultado de 2025 dejó en evidencia que ese equilibrio todavía está lejos. Con petróleo en baja, gas en fuerte retroceso y carbón bajo presión, el sector extractivo cerró otro año complejo y empezó el siguiente con más interrogantes que certezas.

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