La compañía alemana Helsing, dedicada al desarrollo de drones y software de defensa con inteligencia artificial, está en camino de cerrar una ronda de financiamiento por USD 1.200 millones que llevaría su valuación a USD 18.000 millones. La operación la consolidaría como una de las firmas tecnológicas militares más relevantes de Europa y refleja el apetito creciente de los inversores por el sector de defensa.
Entre los respaldos más visibles de la empresa figura Daniel Ek, cofundador y CEO de Spotify, que viene apostando por compañías de tecnología militar a través de sus vehículos de inversión. La presencia de un empresario asociado al consumo masivo en una firma de defensa ilustra hasta qué punto se amplió el interés del capital de riesgo europeo por este tipo de proyectos.
De la periferia al centro del capital de riesgo
Durante años, la industria de defensa fue terreno casi exclusivo de contratistas estatales y conglomerados tradicionales como Lockheed Martin, BAE Systems o Rheinmetall. Las startups del sector cargaban con un estigma reputacional que mantenía alejados a la mayoría de los fondos de Silicon Valley y a los grandes inversores institucionales europeos. Esa lógica cambió con la invasión rusa a Ucrania en 2022, que reordenó las prioridades geopolíticas y los presupuestos militares del continente.
Desde entonces, países como Alemania, Francia, Reino Unido y Polonia incrementaron de manera sostenida su gasto en defensa, y la Unión Europea empezó a impulsar programas para reducir la dependencia de proveedores estadounidenses. Ese contexto abrió la puerta a una nueva generación de empresas que combinan software, IA y hardware autónomo, con Helsing como uno de los exponentes más visibles.
Qué hace Helsing
La compañía se especializa en software de defensa basado en inteligencia artificial, con foco en el procesamiento en tiempo real de información proveniente de sensores, radares y sistemas de armas. En paralelo, viene expandiendo su línea de drones de uso militar, un segmento que la guerra en Ucrania convirtió en pieza central de la doctrina bélica moderna. Los drones tácticos y de ataque, antes considerados un complemento, hoy son protagonistas de buena parte de las operaciones en el frente.
Helsing ya firmó contratos con varios gobiernos europeos y participa en programas conjuntos vinculados al desarrollo de aeronaves de combate de próxima generación. La empresa también suministró equipamiento a Ucrania, lo que le permitió validar su tecnología en condiciones reales de combate, un diferencial muy buscado por compradores estatales.
Una valuación que marca tendencia
De confirmarse la cifra de USD 18.000 millones, Helsing escalaría varios niveles respecto de su última ronda conocida y se ubicaría como una de las startups privadas más valiosas de Europa, en un sector donde las valuaciones de dos dígitos en miles de millones eran impensadas hasta hace pocos años. La empresa estadounidense Anduril, dedicada también a defensa con IA, había marcado un camino similar al alcanzar valuaciones comparables en el mercado norteamericano.
El movimiento llega en un momento en que los fondos de capital de riesgo, después de años de priorizar software empresarial e inteligencia artificial generativa, están redirigiendo capital hacia lo que en la industria se conoce como deeptech, con foco particular en defensa, semiconductores y energía. Para los críticos, la entrada masiva de capital privado al sector militar plantea preguntas éticas y de gobernanza que todavía no tienen respuesta clara. Para los gobiernos europeos, en cambio, representa la posibilidad de acelerar su autonomía tecnológica frente a un escenario geopolítico cada vez más tenso.




