La promesa y la brecha
Luis Caputo trazó una hoja de ruta de desinflación que ubica al IPC mensual por debajo del 1% desde agosto. El objetivo puntual que maneja el equipo económico es llegar a 0,9% en ese mes y sostener ese ritmo hasta fin de año. El problema es que el punto de partida sigue siendo alto: las principales consultoras privadas estiman que mayo cerrará entre 2,1% y 2,4%, lo que deja poco margen de maniobra para los meses que restan.
La aritmética que subyace al plan oficial es exigente. Con una inflación acumulada de 12,3% hasta abril, junio y julio deberían sumar juntos apenas 2,1% para que agosto pueda arrancar en 0,9%. Eso implica dos meses consecutivos en torno al 1% mensual, un nivel que la economía argentina no registra de manera sostenida desde hace años.
Qué dicen las consultoras sobre mayo
Las mediciones privadas para mayo no acompañan el optimismo oficial. Eco Go proyecta una suba de entre 2,3% y 2,4%; Equilibra calcula 2,3%, y C&T Asesores estima 2,1%. El dato que más preocupa al equipo económico no es solo el número de mayo sino la composición: la inflación núcleo, que mide los precios sin estacionales ni regulados y es el indicador más representativo de la inercia inflacionaria, se mantiene en torno al 2,3%. Mientras ese componente no ceda, la desaceleración del índice general no estaría consolidada.
El índice de inflación de los trabajadores de abril registró 2,4%, con un acumulado de 11,6% en el primer cuatrimestre y una variación interanual de 31,6%. El rubro Transporte fue el de mayor impulso en ese período, con una suba de 6,2%.
La presión de los regulados
En junio reaparecen aumentos en varias categorías de precios regulados y servicios: transporte, alquileres, prepagas, cuotas de colegios y servicios públicos. Ese combo suele trasladarse, con rezago variable, al resto de los precios. Analistas advierten que la convergencia al 1% mensual exige que esos aumentos se absorban sin efecto secundario sobre el núcleo, algo que históricamente ha resultado difícil en períodos de ajuste tarifario simultáneo.
En paralelo, la inflación mayorista de abril cerró en 5,2%. Caputo atribuyó buena parte de ese resultado al impacto del shock externo sobre los insumos importados. Los datos muestran que los productos importados subieron 2,5% en ese mes, mientras que los nacionales avanzaron 5,3%, lo que sugiere que la presión de costos internos fue el factor dominante.
El FMI como referencia externa
En el horizonte del debate aparece la proyección del Fondo Monetario Internacional, que estimó una inflación de 25% para 2026. Esa cifra implica un promedio mensual de poco más del 1,9%, bastante por encima del sendero que traza el equipo económico. La divergencia entre ambas proyecciones instala una pregunta de fondo: si la desinflación se sostiene al ritmo que prevé Caputo, la meta del FMI quedaría holgadamente superada; si la inercia de los regulados y la núcleo se resiste, el escenario oficial se complica y el número del Fondo opera como piso más creíble que el techo al que apunta el Ministerio de Economía.
La tensión entre la meta oficial de desinflación rápida y la persistencia de los precios en los componentes más rígidos de la economía no es nueva. Lo que sí cambia es el horizonte que pone Caputo sobre la mesa: un IPC mensual que empiece con cero antes de que termine el tercer trimestre. Para que eso ocurra, junio y julio deberán ser los meses de mayor caída sostenida del índice en lo que va del año.




