Un nuevo capítulo para el mercado local
La Comisión Nacional de Valores avanzó con la reglamentación que habilita la creación de instrumentos equivalentes a los ETF que se operan en Wall Street. El marco quedó plasmado en las Resoluciones Generales 1142 y 1143, publicadas a fines de mayo de 2026, y abre la puerta para que los ahorristas argentinos puedan comprar una cartera armada de activos con una sola operación, sin necesidad de elegir acción por acción.
Hasta ahora, quien quería diversificar su tenencia en pesos o dólares dentro del mercado local debía construir esa cartera de manera manual, comprando cada activo por separado y asumiendo los costos de cada operación. Con el nuevo esquema, el inversor podrá adquirir una cuotaparte o un certificado que ya viene con la canasta armada y replica un índice, un sector o una estrategia temática.
Los dos vehículos habilitados
La normativa contempla dos estructuras diferenciadas. La primera es el CEVA ETP, un certificado de valores con lógica similar a los productos cotizados internacionales. La segunda es el FCIA ETF, un fondo común de inversión abierto cuyas cuotapartes cotizan en mercados autorizados. En ambos casos, los instrumentos podrán negociarse en el mercado secundario, con una operatoria similar a la de una acción o un bono.
Según la información oficial del regulador, ambos vehículos podrán canalizar estructuras que repliquen índices bursátiles, financieros o canastas de activos. La idea es ofrecer una alternativa adicional de diversificación, especialmente pensada para quienes no tienen tiempo, conocimiento o capital suficiente para armar una cartera diversificada por su cuenta.
La diferencia técnica entre los dos formatos pasa por la estructura jurídica y la mecánica de emisión, pero para el inversor minorista el resultado práctico es similar: una sola operación, una cartera completa y la posibilidad de entrar o salir en el día a través del mercado.
Una extensión del fenómeno CEDEAR
El movimiento es leído en el mercado como una extensión natural del fenómeno que protagonizaron los CEDEAR en los últimos años. Esos certificados acercaron a los ahorristas argentinos a acciones de empresas globales como Apple, Tesla o Amazon sin necesidad de abrir una cuenta en el exterior. El paso siguiente, ahora, sería replicar no solo acciones individuales sino carteras completas, sectores enteros o estrategias diseñadas por administradores profesionales.
En los mercados desarrollados, los ETF son uno de los instrumentos más utilizados por inversores minoristas e institucionales. Permiten exposición a un índice como el S&P 500, a un sector específico como tecnología o energía, o a estrategias más complejas, con costos de administración bajos y alta liquidez. La operatoria local todavía está lejos de esa escala, pero el nuevo marco regulatorio apunta a recortar esa distancia.
Lo que falta por definir
La reglamentación definitiva llega después de una etapa previa de consulta pública que la CNV abrió en abril de 2026 para discutir el formato técnico de estos instrumentos. Ese proceso permitió que cámaras del sector, administradoras de fondos y agentes del mercado aportaran observaciones antes de la versión final.
Sin embargo, todavía no se conocen los nombres comerciales de los primeros fondos o certificados que se lanzarán bajo este esquema. Lo que se aprobó es el marco normativo: las administradoras y emisores ahora deberán presentar sus productos concretos, cumplir con los requisitos de transparencia y obtener la autorización para empezar a cotizar. Tampoco están definidos públicamente los costos que enfrentará el inversor minorista, ni el volumen estimado de las primeras emisiones, ni una fecha precisa para el debut en bolsa.
El éxito del esquema dependerá en buena medida de cuántos jugadores se animen a estructurar productos, de los costos finales y de la liquidez que logren generar en el mercado secundario. En Wall Street, los ETF tardaron años en consolidarse como instrumento masivo. En el mercado argentino, con un universo de inversores minoristas más acotado y una historia reciente marcada por la volatilidad, el desafío será doble: convencer al ahorrista de probar un instrumento nuevo y garantizar que la rueda funcione con profundidad suficiente.




