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El RIGI suma US$ 28.000 millones aprobados, pero con peso de proyectos preexistentes

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) acumula 14 proyectos aprobados por casi US$ 28.000 millones y otros 16 en evaluación, que sumarían unos US$ 36.000 millones adicionales. La masa de capital comprometida es significativa, pero el perfil de los actores involucrados revela un patrón: la mayor parte de las inversiones ya autorizadas corresponde a compañías que tenían presencia o proyectos en carpeta en Argentina antes de que el régimen existiera.

El GNL concentra más de la mitad del total aprobado

El sector energético domina el mapa del RIGI. Southern Energy concentra más de la mitad de los montos ya autorizados, con su proyecto de gas natural licuado (GNL) como principal activo. A eso se agrega la ampliación del gasoducto Perito Moreno, a cargo de TGS, que implica una inversión superior a US$ 500 millones, con otros US$ 200 millones vinculados al mismo desarrollo.

YPF aparece como el actor de mayor peso simbólico y político en el esquema. La petrolera de mayoría estatal anunció el interés de desembolsar US$ 25.000 millones en Vaca Muerta, lo que la convierte en una de las principales validaciones políticas del régimen ante el mercado local e internacional.

Capitales de origen diverso, pero sin desembarcos estadounidenses frescos

Entre los inversores identificados en la cobertura de la cartera RIGI aparecen capitales de origen europeo, canadiense, australiano y chino. Lo que no se registra, al menos hasta ahora, es una entrada masiva de empresas norteamericanas que no tuvieran antes ningún vínculo con el mercado local. Esa ausencia no invalida el régimen, pero sí matiza la narrativa oficial de una nueva ola de inversión extranjera directa llegando desde cero.

El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que el esquema implica «más inversiones, mayor producción, mayor empleo y mayor recaudación» y lo presentó como una política de largo plazo diseñada para dar previsibilidad. La administración de Javier Milei lo inscribe en el marco de la Ley Bases y lo exhibe como una de sus herramientas centrales para destrabar proyectos postergados durante años.

La crítica: ¿inversión nueva o aceleración de lo que ya estaba?

El debate que instaló la cobertura económica en las últimas semanas gira en torno a una distinción que no es menor para evaluar el impacto real del RIGI: ¿está generando capital adicional o está adelantando decisiones que de todas formas se iban a tomar?

La lectura crítica sostiene que el régimen habría funcionado, al menos en esta primera etapa, como un acelerador de proyectos preexistentes más que como una puerta de entrada a capitales completamente nuevos. Las empresas que ingresaron al esquema, en su mayoría, ya conocían el marco regulatorio argentino, tenían activos en el país o contaban con estudios de factibilidad anteriores a la creación del RIGI.

Desde el sector empresario también se señalan dos limitaciones estructurales del régimen. La primera es el piso de US$ 200 millones como umbral de ingreso, que deja afuera a compañías de escala media. La segunda es la brecha entre el RIGI y el RIMI, pensado para inversiones medianas, que genera una zona gris donde hay empresas demasiado grandes para uno y demasiado chicas para el otro. El resultado, advierten voces del sector privado, es que un segmento relevante del tejido productivo nacional queda sin cobertura específica.

Por qué el RIGI apunta a sectores extractivos y de infraestructura

La concentración del interés en energía, petróleo, gas y minería no es casual. Son sectores con proyectos de muy largo plazo, alta intensidad de capital y necesidad de estabilidad regulatoria para cerrar financieramente. Argentina arrastra una historia de reglas cambiantes, controles cambiarios y alta incertidumbre macroeconómica que hacía difícil que esos proyectos avanzaran con financiamiento privado.

El RIGI ofrece, en ese contexto, estabilidad fiscal por 30 años, condiciones especiales de acceso al mercado cambiario y protección frente a cambios tributarios. Para proyectos que requieren horizontes de amortización de una o dos décadas, esa previsibilidad tiene valor concreto más allá del debate sobre si el capital es nuevo o no.

Lo que todavía no hay es un listado oficial completo y público con los 14 proyectos aprobados, detallados uno por uno, con montos exactos y estado de avance actualizado. Esa opacidad en la información oficial limita la posibilidad de contrastar con precisión qué parte del total corresponde a inversión genuinamente nueva y qué parte es reconversión o aceleración de planes anteriores. Mientras ese detalle no esté disponible, el debate seguirá siendo, en buena medida, una disputa de interpretaciones sobre los mismos números.

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