El Banco de Inglaterra sigue de cerca el impacto de la energía sobre los precios
El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, volvió a advertir que la política monetaria no puede evitar que los altos precios globales de la energía afecten a la economía y a la inflación del Reino Unido. Según explicó, el efecto de este fenómeno dependerá principalmente del tamaño y la duración del shock sobre el mercado energético.
La advertencia se da en un contexto de fuerte sensibilidad del Reino Unido a los movimientos del gas y del petróleo en los mercados internacionales. La economía británica mantiene una elevada exposición al gas natural tanto para la generación eléctrica como para la calefacción, por lo que cualquier salto en los precios externos termina trasladándose con rapidez a los hogares y a las empresas.
Un problema que viene desde la guerra en Ucrania y se agrava con nuevas tensiones
Bailey ya había marcado esta preocupación durante el shock energético provocado por la invasión rusa a Ucrania en 2022. En aquel momento, describió el fenómeno como un golpe histórico sobre los ingresos reales, comparable e incluso más severo que los episodios de inflación vividos en la década de 1970.
Ese impacto llevó a que la inflación británica tocara un pico de 11,1% en octubre de 2022, impulsada por fuertes aumentos en la electricidad y el gas. Más recientemente, las tensiones en Oriente Medio y el conflicto con Irán volvieron a instalar el riesgo de un nuevo encarecimiento de la energía, un escenario que complica las decisiones del Banco de Inglaterra sobre las tasas de interés.
Cautela con las tasas y foco en la duración del shock
Frente a este panorama, Bailey evitó respaldar respuestas automáticas desde la política monetaria. Su postura es que el banco central debe actuar con mucha cautela, observando si el shock energético es transitorio o si se prolonga en el tiempo, porque eso puede modificar tanto la inflación como el nivel de actividad económica.
En esa línea, el Banco de Inglaterra mantiene una estrategia prudente para intentar devolver la inflación a su objetivo del 2% sin profundizar el freno sobre el crecimiento. Con tasas en torno al 3,75% y una inflación todavía por encima de la meta, la autoridad monetaria sigue evaluando cómo impactan los costos energéticos sobre el consumo, el empleo y las decisiones de inversión.
Un equilibrio delicado para la economía británica
El mensaje de Bailey refleja una preocupación de fondo: aunque los bancos centrales pueden influir sobre la demanda interna y las expectativas, tienen un margen limitado cuando la suba de precios responde a factores externos como conflictos geopolíticos o restricciones de oferta energética.
Por eso, en el Reino Unido el foco está puesto no solo en la trayectoria de la inflación, sino también en la resistencia de la economía frente a un escenario internacional volátil. La clave, según planteó el propio gobernador, será determinar si el actual encarecimiento de la energía se convierte en un problema persistente o si termina disipándose en los próximos meses.




