El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que la inflación de marzo «seguramente será arriba del 3%», en la antesala de la difusión del dato oficial del INDEC prevista para el 14 de abril a las 16. La definición marcó un cambio respecto de las expectativas oficiales de las semanas previas y volvió a poner el foco en la velocidad del proceso de desaceleración de precios.
La cifra tiene especial importancia porque febrero había cerrado en 2,9%, un nivel que mostró una baja más lenta de la esperada. Si marzo finalmente se ubica por encima del 3%, se reforzará la idea de que la inflación encontró un piso difícil de perforar en el corto plazo, al menos en el arranque de 2026. En ese marco, analistas privados ya manejaban proyecciones en una franja de 3,1% a 3,2%, e incluso algunas estimaciones más altas.
Qué explicó Caputo sobre la suba de marzo
Al justificar su pronóstico, Caputo habló de factores puntuales que habrían presionado sobre el índice de precios del mes. Entre ellos mencionó un shock vinculado al petróleo, con impacto sobre combustibles, transporte y pasajes aéreos de cabotaje. Ese movimiento, además, no se habría agotado en marzo, ya que los ajustes en naftas y otros rubros vinculados con la energía todavía podrían tener arrastre en abril.
Otro elemento señalado por el ministro fue la estacionalidad de marzo, en especial por el inicio del ciclo lectivo. Ese período suele incorporar subas en educación, indumentaria, transporte y servicios asociados al regreso a clases, con un peso relevante en la medición mensual. La combinación de estos factores explicaría, desde la mirada oficial, un desvío respecto de la meta informal que apuntaba a perforar el 3%.
De todos modos, Caputo buscó transmitir una señal de calma hacia adelante. Sostuvo que a partir de abril comenzaría un nuevo tramo de desinflación y crecimiento, y remarcó que el rebote de marzo no debería interpretarse como un cambio estructural de tendencia. La apuesta del equipo económico es que, una vez superados los aumentos estacionales y el impacto de la energía, los precios retomen una trayectoria descendente en los próximos meses.
Un dato clave para medir el ritmo de desaceleración
La expectativa por la inflación de marzo se da en un contexto en el que la baja de los precios dejó de mostrar la velocidad registrada en la segunda mitad de 2024 y en parte de 2025. Aunque la comparación interanual sigue exhibiendo una desaceleración marcada frente a los registros muy altos de años anteriores, en los últimos meses el índice mensual se movió en una zona más rígida. Febrero, con 2,9%, ya había dejado esa señal.
También se observa cierta persistencia en la inflación núcleo, que excluye componentes estacionales y regulados. Ese indicador venía manteniéndose alrededor de 2,2% a 2,3% durante varios meses, lo que mostraba una inercia todavía presente. Por eso, un dato mensual arriba de 3% en marzo tendría impacto político y económico, no solo por la cifra en sí, sino porque vuelve a discutir cuán rápido puede seguir bajando la inflación en 2026.
En la comparación histórica, aun así, la situación es muy distinta de la de los años previos. Marzo de 2025 había mostrado una suba de 11%, mientras que en 2024 ese mismo mes había llegado a 24,7%. Con esos antecedentes, el nivel actual es sustancialmente menor. Sin embargo, para el Gobierno el desafío ya no es solo mostrar una caída frente a los picos del pasado, sino evitar que la inflación mensual quede estancada en valores cercanos al 3%.
Combustibles, transporte y educación, entre los rubros más sensibles
Entre los rubros con mayor incidencia en marzo aparece el aumento de los combustibles. Durante ese mes hubo ajustes relevantes en surtidores, con impacto directo sobre los costos de movilidad y también sobre la logística de distintos sectores. Ese tipo de incremento no solo repercute en el gasto diario de hogares y empresas, sino que además puede trasladarse de manera indirecta a otros precios de la economía.
El transporte y los pasajes aéreos de cabotaje también quedaron bajo observación por el encarecimiento asociado al valor internacional del petróleo. A eso se sumó el componente educativo, habitual en marzo por las cuotas escolares, útiles, textos, uniformes y servicios relacionados con el inicio de clases. Son rubros con un patrón estacional claro, pero con capacidad de mover el índice general cuando coinciden con otras presiones.
En paralelo, algunas proyecciones privadas ubican el promedio del mes algo por encima del piso reconocido por Caputo, en torno de 3,4%. Si bien todavía resta el dato oficial, el consenso es que marzo habría mostrado un pequeño repunte frente a febrero. La discusión pasa ahora por determinar si se trató de un salto transitorio o de una señal de mayor persistencia inflacionaria.
Abril, bajo seguimiento por la evolución de los precios
La mirada oficial se concentra en abril como un posible punto de inflexión. El argumento es que, una vez absorbidos los aumentos de combustibles y los movimientos típicos del mes de inicio escolar, la inflación debería volver a una senda descendente. En esa lógica, el equipo económico confía en que la estabilidad cambiaria y una menor presión de costos colaboren para bajar nuevamente el índice mensual.
De todos modos, el resultado de marzo será una referencia clave para evaluar la consistencia de esa proyección. Si el número se mantiene apenas por encima del 3%, el Gobierno podrá sostener que se trató de un desvío acotado por motivos puntuales. Pero si la cifra se aleja más de ese umbral, crecerán las dudas sobre la capacidad para quebrar la inercia en el corto plazo.
Además del dato mensual, también importa la señal que deja sobre el acumulado del año. Con estimaciones privadas que ubican la inflación de 2026 en una franja cercana a 25% a 28%, cada variación tiene peso sobre las proyecciones anuales. En ese marco, la difusión del índice de marzo no será un dato aislado: funcionará como una prueba para medir si la desinflación prometida para abril empieza efectivamente a aparecer o si la baja de precios seguirá avanzando con más dificultad de la esperada.
Esta nota tiene carácter informativo y no constituye una recomendación de inversión ni asesoramiento financiero.




